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How can you love somebody if you hate yourself? | Roma

Mensaje por Melody S. Pond el Mar Ago 21, 2012 3:06 pm

Cuando ingresabas en el hospital, del modo en el que Melody lo había echo, te avisaban de que tan solo podías escoger dos objetos del exterior para llevar contigo. Objetos que luego serían analizados por los doctores y los cuales decidirían si pueden entrar o no en el lugar. Melody, no había escogido ningún objeto, pues cuando le dieron la noticia de que pensaban internarla lo ultimo en lo que pensó era en que quería llevarse a aquel lugar, pero su padre si se había encargado de esa tarea. Donnovan, hacía años que no sabía nada de su hija, con su matrimonio y todo el trabajo que tenía encima, poca atención le prestaba a su hija adolescente, pero asumió la tarea de escoger que sería útil a la chica durante aquellas tardes de aburrimiento en el hospital. Tras darle muchas buenas, escogió un oso de peluche y un aparato lleno de música. Durante los primeros días, a modo de protesta, Melody evitó siquiera tocar alguno de los presentes de su padre, pero al darse cuenta de que eso de que en el hospital uno se moría antes de aburrimiento que de enfermedad, acabó cediendo y usando los regalos.

Se encontraba aquella tarde, el cuatro día desde su cautiverio, sentada en una de las mesas que por los pasillos de la planta se encontraban. Unas mesas en las que solían sentarlas para que hicieran actividades, pero que normalmente estaban vacias. Sobre la mesa, se encontraba un libro de fotografiás, fotos de paisajes de la vieja escocia, el cual ojeaba al son de la música que de aquellos auriculares salía. Su padre había llenado el aparato de música, y aunque no había acertado demasiado, era mejor que nada. Melody observaba distraída, como el aire con fuerza movía las hojas del árbol que en el exterior se encontraban, y como la lluvia, lentamente, cubría todo el cristal con su frió manto. No sabía por que, pero desde bien pequeña le gustaban esos días tristes y lluviosos. La música se detuvo de pronto, en aquel lugar vació, lo único que se escucho fue el sonido de unos pasos, un par de chicos jóvenes se acercaban hacía donde ella estaba. Por su modo de vestir y caminar, no parecían ser de esa planta, seguramente venían desde urgencias pues uno llevaba el brazo en cabestrillo.

Se detuvieron de pronto, para observarla – Esta es la chica que te decía antes – Dijo uno de ellos, seguramente pensando que Melody se encontraba absorta escuchando música – Joder, tenías razón, esta superdelgada – Añadió su acompañante en un tono bromista. Melody ladeo ligeramente la cabeza, sin que los chicos se dieran cuenta, solo para observarlos. A uno de ellos lo conocía, habían coincidió en el turno de comidas, y el había intentado hablar con ella, algo a lo que Melody respondió con el más absoluto silencio – Es un saco de huesos – Interrumpió de nuevo el primer chico, esta vez entre risas. Melody cerró el libro de golpe, creando un fuerte sonido, y movió la silla con intención de marcharse. Quería volver a su habitación, allí se sentía segura – ¿Donde va? – Preguntó el que llevaba el brazo en cabestrillo, al verla levantarse – Se ira a vomitar – Respondió el otro. La intención de Melody era marcharse, no era el tipo de persona a la que le gustarán los problemas, y no solía caer ante las provocaciones de los imbéciles. Pero algo recorrió su sangre, sintió como si su corazón latiera con fuerza llena de rabia. Dio medía vuelta, y se quito los cascos, guardando el aparato de música en el bolsillo de su batín – ¿Que? ¿Ahora que puedo escucharos no queréis hablar de mi? – Los dos chicos se miraron, uno de ellos trago saliva, y algo nerviosos dieron media vuelta buscando las escaleras.

Si me da la gana vomitar, vomito! – Grito viéndoles marchar. Melody retrocedió un poco, y se cerró el batín cubriendo su pequeño cuerpo, tal vez tratando de protegerse a si misma. Dio media vuelta de nuevo, y aunque un par de chicas observaban la escena, ella no sintió que fuera necesario dar ningún tipo de explicación. Aunque si se preguntó por que ninguna había intentando defenderla cuando aquel par de idiotas empezaron a insultarla. Acelero el paso, y fue hasta su habitación, donde cerró la puerta creando un gran golpe. Se adentró en ella, aún un poco confusa, y se dejó caer en el suelo, sentada contra la pared. Deslizó sus manos sobre sus parpados, hacía años que no lloraba.
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Re: How can you love somebody if you hate yourself? | Roma

Mensaje por Roma Hartley el Mar Ago 21, 2012 4:26 pm

Los medicamentos funcionaban pero sólo por un rato pues no había pasado ni una hora cuando el insoportable dolor me había vuelto al cuerpo. En realidad pensaba que siempre había estado ahí, las medicinas sólo confundían a mi cerebro para aminorarlo un poco. Presioné el botón de enfermería y esperé a que llegara uno de los chicos que me habían atendido después del accidente, cuando apareció por el umbral de la puerta apreté los labios un poco —El dolor ha vuelto y la morfina me duerme, no tengo ganas de dormir, lo he hecho por mucho tiempo—solté casi en un suspiro y regresé la mano a mi regazo. No iba a dejar que me administraran aquello y ellos ya lo habían entendido desde el primer día que estuve en el lugar. Nadie me hacía cambiar de opinión. El chico asintió levemente sin intentar siquiera llevar la contraria y explicó sobre el medicamento que me daría para el dolor, no presté demasiada atención a sus palabras. Había dicho que actuaría menos rápido que la morfina pero yo sentí lo contrario, resultaba que antes de poder sentir mejoría, me quedaba dormida. En esos momentos era lo diferente, a excepción de que esta vez no me puso somnolienta. Le agradecí una sola vez y pedí permiso para salir de la habitación. Debido a los huesos rotos con los que había terminado, no podía moverme de ahí sin el permiso y la ayuda de algún profesional. Me pasaba las horas despierta viendo la televisión o leyendo un libro. Si no me encontrara en esa situación, sería una de las cosas que más desearía, eso de estar en cama sin nada que hacer, pero en esos momentos estaba perdiendo la paciencia rápidamente. Además, la programación en domingos era la peor de todas.

Después de rogarle por al menos cinco minutos seguidos, él aceptó y yo sonreí triunfante. No tenía idea de a donde quería ir pero necesitaba salir de ahí —Quiero conocer la planta de psiquiatría —comenté antes de que las puertas del elevador se cerraran. El joven preguntó algo sobre acento que tenía, que le recordaba a Nueva York, yo me encogí de hombros y rodé los ojos, lo cual fue un completo error pues el movimiento me hizo soltar un quejido de dolor. Si había insinuado ya que el acento pertenecía a ese estado no tenía yo que confirmarlo. No pronuncié ni una palabra más durante el trayecto que tomamos. El lugar parecía calmado y alrededor habían mesas donde unos cuantos pacientes parecían tener actividades recreativas. Con una mirada le dije que me llevara hasta una de las más vacías y abrí el libro que había llevado conmigo por si me aburría más. No era gordo ni grande y estaba a punto de terminarlo, de hecho era un libro muy viejo que había leído entre seis o diez veces. El Principito de Antoine de Saint- Exupèry. Era de los únicos que no me aburrían.

Cuando leía solía perderme de la realidad y me transportaba a otro mundo menos terrible al que todos vivíamos. Y ahí me encontraba en ese instante hasta que la llegada de dos chicos y su conversación me sacó de mis ensoñaciones. Levanté la mirada sin vergüenza de que ellos descubrieran que estaba interesada en sus palabras, podían dedicarme la mirada que se les antojara, no iba a desviar la vista de aquellos dos si eso era lo que querían. No muy lejos de mi estaba la razón de su charla, una chica menuda y de cabello castaño claro que leía un libro el cual no pude distinguir bien, también escuchaba música. Sus comentarios me hicieron soltar un amargo suspiro. Estos no son ignorantes, son pendejos. Iba a decirles algo cuando la chica a unos cuantos pasos de donde estaba yo, se levantó y les replicó para después moverse del lugar —Que hijos de puta ¿No están lo bastante grandecitos como para soltar ese tipo de comentarios? Oh tal vez sufren del síndrome de Tourette pero eso lo dudo. Nada les justifica la inmadurez que emanan—Solté en voz alta antes de que alguno terminara de desaparecer. Pero la chica no estaba en el lugar ya. Seguido de eso negué con la cabeza molesta. Había tenido que soportar ese tipo de comentarios tiempo atrás y aunque no fueran dirigidos hacia mí, todavía dolían como un golpe en el estómago. Pero ni modo, la inmadurez y los hijos de puta eran dos males que debíamos soportar en este mundo.

Ignorando las indicaciones del enfermero e ignorando mis principios sobre el meterse en la vida de los demás, salí de ahí moviendo la silla de ruedas con ayuda de un solo brazo y rostro incómodo ante el dolor. Quería asegurarme de que la chica se encontrara bien. Supuse que la habitación donde había sonado el portazo había sido la de ella —Querida, no puedes dejar que todos los comentarios te afecten. Las palabras hirientes siempre vendrán, tienes que aprender a ignorarlas, a evitar que te lastimen —comenté con voz fría y demasiado seria cuando abrí la puerta. La chica me odiaría por meterme en su vida, yo también lo haría en realidad, pero sentía que era necesario ayudarla. Mostrarle una forma de apoyo.



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Re: How can you love somebody if you hate yourself? | Roma

Mensaje por Melody S. Pond el Vie Ago 24, 2012 3:32 am

Se descalzo entonces, dejando que sus pies desnudos tocarán el frió suelo del hospital. Siempre lo hacía, cuando estaba nerviosa, o tenía ganas de llorar, era una técnica que su madre le había enseñado cuando era poco más que una niña. River, su madre, era una de esas mujeres amantes de la naturaleza, de la vida libre y que en muchas ocasiones amaba más a los animales que a las personas. Ya de bien pequeña había rechazado comer carne, se pasaba más días observando flores que estudiando sus libros, y hacía más caso a la madre naturaleza que a su propia madre. River le dijo a Melody, tiempo atrás, que cuando uno se descalza, cuando deja que su cuerpo contacte con el suelo al que pisa, siente como si las cosas volvieran a ir por donde deben. Sus raíces vuelven a aferrarse al suelo, y vuelve a poner los pies sobre la tierra. Melody, en todas las veces que había echo esa técnica, nunca había sentido nada de lo que se suponía iba a sentir, pero era una de esas cosas que seguía haciendo por que le recordaban a su madre. Y la echaba de menos.

Escucho entonces un sonido, el chirrido de una silla de rudas sobre el frió pavimento. Nadie en su sano juicio habría sabido que ese sonido era el de las ruedas deslizándose por el suelo, pero Melody hacía tiempo que pasaba más tardes en la planta de oncología que en la suya propia. Y allí el sonido de las sillas de ruedas era ensordecedor. Se limpió alguna que otra lagrima que por su mejilla había escogido descender y tomó aire, no le gustaba que la gente la viera llorando, no le gustaba parecer débil ante los demás, por que le había costado demasiado parecer fuerte como para echarlo todo por tierra. Se levanto entonces, pero prefirió quedarse mirando por la ventana, como quien no quiere la cosa, solo por que no quería que aquel o aquella que se estaba acercando viera sus ojos rojos. Escucho como la puerta se abría y de reojo miró a quien allí se encontraba. Una chica joven, no tenía pinta de paciente, ella tenía esa aura de frescura que todos los visitante traían del exterior, seguramente, solo estaba allí desde hacía unas horas o se iba a ir pronto. Seguramente.

Melody la escuchó hablar, su tono de voz sonaba firme, convencido, como si supiera de lo que estaba hablando, pero a la vez intentaba darle dulzura, cercanía para que Melody no se sintiera ofendida. Y es que, normalmente uno no va dando consejos a un desconocido – Si no comes eres extraña – Dijo entonces, intentando explicar como se sentía. Melody pensaba, que cuando cuentas algo en voz alta, es como si un peso se fuera volando, sientes alivió, pues no eres el único que lleva esa carga sobre los hombros – Pero en cambio si no amas, si no hablas, si no duermes... – Añadió poco después, pero se detuvo para tomar aire – Nadie se preocupa tanto... – Concluyo. El oso de peluche que su padre le había regalado lucia sobre la repisa de la ventana, Melody lo tomo entre sus manos, y lo apretó con fuerza, como si intentara descargar toda su frustración y su rabia sobre el. Con un rápido movimiento lo lanzó lejos, pero este cayo sobre la cama. Algo que hizo resoplar a Melody – ¿Por que no quieren entender que estoy bien?
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Re: How can you love somebody if you hate yourself? | Roma

Mensaje por Roma Hartley el Dom Ago 26, 2012 4:11 pm

La habitación estaba helada y presentía que la muchacha frente a mi también la sentía de esa manera. Los hospitales nunca me habían gustado pero había aprendido a acostumbrarme a ellos por el simple hecho de que mis viajes hacia urgencias fueron muchos y tuve que pasar nueve meses encerrada en uno de ellos. Como decía el dicho: Si no puedes contra el enemigo, únetele. Este hospital era bastante diferente al especializados lo cual podía significar dos cosas, o era mejor o peor pasarla aquí. Con un silencioso suspiro me apuré a avanzar con la silla de ruedas. A penas y podía moverme con esa cosa en la que estaba sentada, ya necesitaba estar sobre mis propios pies pero mi pierna seguía fracturada.

No era mi intención interrumpir tu privacidad —fue lo primero que me atreví a decir después de haber entrado sin permiso a su habitación y de haberle soltado esas frases. A nadie le gustaba que llegaran a su vida y te dijeran que era lo que debías de hacer. Admitía que era sumamente molesto y yo estaba haciendo eso que tanto odiaba. Sonreí levemente pues deseaba hacerla entender que no quería molestarla.

Asentí levemente con la cabeza y avancé un poco más pero le di su espacio. Entendía lo que estaba diciendo, te volvías como un fantasma para los demás. No existías. Pero para otros te convertías en persona de suma importancia, no te quitaban la mirada de encima. No podían dejarte sola por un segundo porque creían que te desharías. —Si no amas, si no comes, si no hablas, si no duermes no eres nadie. No puedes esperar a que alguien más se preocupe por ti si tú no te preocupas por ser una persona. Pero tal vez lo que estás buscando es solitud. Lo más seguro es que esté en lo incorrecto ya que no te conozco, pero después de un tiempo de buscar atención, yo también comencé a buscar que me dejaran sola—el comentario salió desde el fondo de mi alma, no estaba yo intentando contarle mi vida y los problemas por los que había tenido que pasar pero como era ya típico de mi, terminaba soltando información privada a completos desconocidos—Muchos te creerán cuando les digan que estés bien, una sonrisa, una mirada y unas cuantas palabras son lo que basta para engañar a muchos. Pero las mentiras caen por su propio peso, corazón —apreté los labios pues quería quidar mis palabras, sabía que aunque le demostrara de la forma más horrible las consecuencias de lo que podría suceder, la enfermedad sería siempre más importante —Lastimosamente, esta mentira termina en la muerte —No intentaba hacerla entender, estaba segura de que la chica sabía bastante bien lo que podía pasar, pero no podía evitar sentirme preocupada por su bienestar.

Bueno, dejaré de lado eso que se que lo tienes bastante oído. Soy Roma y lo siento por los idiotas que dijeron cosas que no debían cuando estabas en la sala—sonreí de medio lado y le ofrecí la mano esperando que no estuviera molesta.



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Re: How can you love somebody if you hate yourself? | Roma

Mensaje por Melody S. Pond el Sáb Sep 01, 2012 11:16 am

Melody escuchó las palabras de aquella mujer y dio media vuelta, solo para observarla, con su ya habitual cara de apatía. Pocas personas conseguían sacarle la sonrisa en aquel lugar. Su cabello negro, sus ojos vivaces, pero aún así como cualquier idiota, su mirada enseguida se fue a la silla de ruedas. Se fue, más bien, a buscar la dolencia de aquella mujer, a saber por que iba por aquella zona y por que estaba en aquel lugar. Melody la analizó de arriba a abajo, al igual que ella, aquella mujer se había negado a ponerse uno de esos horrorosos pijamas de hospital, como bien decía uno de los que ya podía llamar amigos, cuando te los pones, estas aceptando que eres uno más, estas dejando tu alma en manos de los médicos. A ella no le faltaba una pierna. Se sintió mal, por ser lo primero en que había pensado, pero la verdad es que estaba tan acostumbrada a estar rodeada de gente sin pierna, que se le hacía raro ver a aquellos que iban en silla de ruedas a dos piernas.

Hoy a un chico le ha dado un ataque al corazón... – Dijo mientras se acariciaba el pelo – Urgencias esta hasta arriba, hay gente en camillas, gente en coma... – Añadió poco después – Gente con cáncer a la que la vida se le esta esfumando... Gente con alzheimer que se esta olvidando de vivir... – Melody tomó aire – Y la morgue no esta vacía... – Tomó aire de nuevo – ¿Y soy yo la que tiene problemas? ¿Soy yo la que tiene a una enfermera pegada a las espaldas todo el día? ¿Soy yo la que es tan importante que un par de imbéciles se han recorrido el hospital para verme? – Melody rió de un modo forzado – Bueno, para ver lo delgada que estoy... – Se mordió el labio – Estoy bien.

¿Quien eres? – Preguntó de un modo algo cortante. Melody se cruzó de brazos, algo que según su madre ya hacía de pequeña cuando quería escudarse de algo. – ¿Como te llamas? ¿Que haces aquí? – Preguntó pocos segundos después, casi sin dejar tiempo a la chica a acercarse. Melody dio unos pasos, pocos, para acercarse a la cama de nuevo. De un brinco se sentó, apartando la mirada de aquella chica por primera vez en un rato, y de un modo algo bobo, extendió el brazo para coger su oso de peluche. Lo tomó entre sus manos y lo miro, lo acarició con el pulgar. Se sentía culpable de haber lanzado de aquel modo un regalo – Ya que estas intentando psicoanalizarme, ya que quieres aconsejarme – Añadió aún con la mirada en el peluche – Haz como el resto de los médicos, aunque no seas uno de ellos... Presentate.
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