Image and video hosting by TinyPic
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Image and video hosting by TinyPic
Últimos temas
» It seems so fragile {Tumblr de promoción. ¡Únete!}
Mar Oct 02, 2012 10:16 am por Invitado

» Summer Games - Foro Recién Inaugurado - Se busca Staff / A.Normal
Vie Sep 28, 2012 8:58 pm por Invitado

» Hogwarts aparecium {Elite | Cambio de botón}
Miér Sep 26, 2012 3:00 pm por Invitado

» Dirty Passion // Afiliación Normal Aceptada
Miér Sep 26, 2012 9:46 am por Invitado

» Locomotor mortis | Afiliación élite
Lun Sep 24, 2012 12:58 pm por Invitado

» Scattered Whispers (afiliación elite - recién abierto)
Dom Sep 23, 2012 8:25 pm por Invitado

» Afiliacion con AfiGlob
Dom Sep 23, 2012 3:13 am por Invitado

» Lamento mi ausencia
Sáb Sep 22, 2012 6:12 pm por Chloe Häsler

»  ✘ HABITACIONES PARA PACIENTES
Sáb Sep 22, 2012 6:11 pm por Chloe Häsler

Image and video hosting by TinyPic
¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 30 el Jue Ago 30, 2012 6:19 pm.



Próximamente






Norwood Hospital by Norwood on Grooveshark


Image and video hosting by TinyPic
Friends


Elite




You can't choose what stays and what fades away | Seth |

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

You can't choose what stays and what fades away | Seth |

Mensaje por Roma Hartley el Lun Ago 20, 2012 9:55 pm

El teléfono no paraba de sonar, la canción que tenía como tono de llamada se había convertido en uno de los sonidos más desquiciantes que pudiera haber escuchado. Maldita sea, es que era completamente insoportable cuando se repetía unas cinco veces seguidas, sin embargo no me tomaba los dos minutos de mi tiempo para cambiarlo o ponerlo en silencio —¡Que ya voy!— grité al aparato como si con eso fuera a callarse. Y lo hizo. Claro que no tardó ni un minuto para volver a sonar. Rodé los ojos impaciente. Se trataba de Lisa quién no dejaba de apurarme para que saliera del departamento y no llegara tarde a la lectura de ese día. Había sido un error pedirle a esa chica, mi amiga, que cuando faltaran diez minutos para la entrada me echara una llamada y que si no contestaba que lo siguiera haciendo. Lo has tomado bastante en serio pensé apretando los labios y apagando el móvil. Nos veremos en la universidad y que no se diga más. Con un suspiro relajé mis hombros antes de pasar por mi bolso y mi casco, apagué el estéreo en el cual sonaba fuertemente una canción de Johnny Cash. Oh Johnny. Uno de los grandes, definitivamente era uno de mis músicos preferidos, amaba todo lo que había compuesto pero era tiempo de dejarlo en pausa para poder seguir con mi día.

No me gustan las motos Roma, fue lo primero que dijo mi padre cuando vio que la había comprado y como no podía quedarme callada y aceptar lo que me estaba diciendo le contesté. Pues a mi no me gusta que te folles a otra tía que no sea mi madre pero ni modo, la vida no es justa. Era una de las conversaciones que siempre recordaba cuando me subía a mi medio de transporte. Y amaba a mis padres, pero no me arrepentía de decir lo que pensaba, me habían lastimado bastante pero eso estaba en el pasado. No iba a rebelarme ni a usarlo como venganza en su contra, ya estaba bastante grandecita como para hacer eso. Me coloqué el casco cuidando que quedara bastante ajustado y me subí a la motocicleta. En ocasiones se me pasaba por la cabeza querer comprar un automóvil pero era mucho más rápido, barato y fácil moverse en una motocicleta. Cuestión de comodidades.

Debería haberme quedado en casa—Yo y mis estúpidos presentimientos que lo único que hacían era que me doliera el estómago. Mantuve la mirada al frente esperando con impaciencia a que el semáforo cambiara. Estaba tardando más de lo normal. Al menos era eso lo que sentía. —Bendito sea—solté en voz alta cuando se puso verde. Tal vez llegaría algo más tarde de lo esperado pero llegaría y era eso lo que importaba ¿no?

En ese justo momento sentí como si el corazón se hubiera salido de mi pecho cosa que era improbable puesto que aún seguía respirando y observando todo a mi alrededor, lo cual podía describir como una mancha de pintura o una fotografía que había salido movida. Me fue imposible distinguir figuras y colores, estaba confundida. La sensación era indescriptible. Por unos segundos todo estuvo en completo silencio y era eso lo que más odiaba, el silencio. Me recordaba a la cámara anecoica que había construido la NASA, nunca había estado ahí, claro estaba. Pero el sentimiento de terror hacia el silencio absoluto era parecido a lo que en esos momentos experimentaba. El sonido volvió a mis oídos como si de una explosión se tratara. Las voces no hablaban con congruencia, unas gritaban y otras se escuchaban como un susurro.

¿Cuántos dedos tengo?—Preguntó el rostro bronceado que apareció en mi campo visual. Entrecerré los ojos y apreté los labios antes de contestar —¿Es una pregunta capciosa? Tienes veinte—respondí sin el menor atisbo de broma. Cuando dijo que hablaba en serio yo sólo sonreí—cuatro dedos—dije con seguridad al ver que enseñaba todos a excepción del gordo. Había tenido un accidente, no supe en que momento había pasado.

Me levantaron en una camilla de lo más incómoda, pero estaba segura de que el horrible dolor no era a causa de aquello —Estoy bien—le comenté al chico ya dentro de la ambulancia. Preguntó si sabía que había sucedido —tuve un accidente—rodé los ojos —Se supone que eres tú el profesional, deberías de saber estas cosas—agregué para hacerlo desatinar y después le regalé una de mis mejores sonrisas. Pocos me soportaban, él parecía quererse bajar de la ambulancia lo más pronto posible. Las palabras habían salido con mucha más dificultad que las anteriores, la garganta me quemaba —estoy bien—repetí la mentira en un quejido aunque esta vez no me hubiera preguntado nada. Los ojos me pesaban más de lo normal y no lograba mantenerlos abiertos. Los cerraba pero siempre volvía a abrirlos después de unos segundos, verificando que seguía en el mismo lugar. Sin una señal de aviso la oscuridad me atrapó. Aunque quisiera abrirlos me era imposible. Una vez leí que ahogarse era una de las muertes más tranquilas, eso lo dudaba pero recordaba también que la caracterizaba era la desesperación que se sentía durante los últimos minutos de conciencia. No me estaba ahogando. No en agua.



death's on my face
my heart's a prisoner to my ribs
avatar
Roma Hartley
paciente
paciente

Mensajes : 87

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: You can't choose what stays and what fades away | Seth |

Mensaje por Seth A. Johnston el Mar Ago 21, 2012 3:27 pm

Odiaba la sala de urgencias, por lo general la evitaba como los gatos al agua. No es que no supiese que hacer en los casos más desesperantes o que le costase concentrarse en los pasos, simplemente en los trabajos en equipo él solía ser el líder, pero esta no era su área y no podía imponerse. Únicamente se dignaba a bajar por allí cuando algún medico pedía una interconsulta con pediatría, lo cual significaba que no había ninguna necesidad de trabajar en grupo, sencillamente hacer el informe de manera individual.

Y justamente en eso se encontraba en estos momentos, viendo a un niño de siete años, que por lo visto había estado jugando a los espadachines con su hermano y éste había logrado meter el rayo de bicicleta en su oído cuando dio lo que él clasifico como una certera estocada. - ¿Imagino que tu madre no tenía idea de a que estaban jugando, no? – miro de rojo a la madre que más que enojada estaba pálida y asustada, normal para la cantidad de sangre que por lo visto había salido del oído del niño, el cual al menos se mostro ligeramente tímido, mientras su hermano de cinco años sacudía la cabeza frenéticamente. Se aclaró la garganta antes de volver a mirar por el otoscopio, el medico que lo había llamado le había dejado el campo bastante limpio, no era difícil ver que la famosa varilla de metal perforó el tímpano. Chasqueando la lengua se hizo hacia un lado, sonriendo al niño. - ¿Te gusta el esgrima o algo así? – alzo las cejas de manera interrogante y simpática, mientras guardaba los implementos y se retiraba los guates escuchando al niño divagar sobre cuan geniales eran los espadachines, y que no sabia que era el esgrima pero lo iba a averiguar, la madre del chico que parecía haber reaccionado un poco ante eso le regalo una mirada no-tan-amable, a lo que él respondió con una media sonrisa. Pensaba por dentro que perdida de tiempo era esto, claramente lo que el niño necesitaba era un otorrino, no un pediatra, suspirando dejo a los chicos jugando entre ellos con el otoscopio para pedirle a la madre que saliera… al otro lado del biombo, jodida sala de urgencia.

- Jerry tiene una herida perforante en el tímpano, no se si el Dr. Stingson se lo mencionó – continuó con la explicación al ver que ella sacudía levemente la cabeza – - ¿Es muy grave? – la actitud consternada y preocupada que ahora mostraba la madre le trajo un sabor amargo y nostálgico a la boca, que sacudió a la vez que negaba con la cabeza. – Sí y no, en realidad la herida debería sanar por sí sola, claramente derivaremos al niño con un Otorrinolaringólogo, para que le haga los estudios pertinentes y será quien mejor le recomiende el tratamiento a seguir – hizo una pausa para ver sí las palabras hacían mella en ella, notando que se relajaba, aunque solo fuera ligeramente – Puede llegar a tener una falta de audición en ese oído, lo que es normal ya que no estará fucionado bien, también vértigo o una molestia de ese lado del rostro, también será normal – rasco su barbilla distraídamente – pero de lo que realmente hay que cuidarlo a continuación será de una posible infección, eso es lo que podría complicar el caso. – le sonrió a la madre, dándole a entender que podría ser mucho peor, viéndola suspirar y pasarse una mano por la frente, antes de alzar la vista luciendo muy cansada pero también podía verse una ligera felicidad.
- Son incontrolables, sabes, un segundo están haciendo una casa y cuando te das vuelta – suspiró de forma entrecortada, y se llevó una mano a la boca tratando de contener cualquier otro tipo de emoción de esa manera, Seth le apretó el brazo tratando de darle un poco de animo. – Él estará bien, no se preocupe – Espero unos minutos, para que la madre se recompusiese antes de que ambos volviesen a dentro, encontrado a Louis, el hermano pequeño de Jerry tratando de poner el otoscopio dentro de la boca del ultimo. – Eh eh eh, eso no va allí precisamente – Seth se apresuró a tomar el instrumente y dejarlo sobre la mesa. Antes de mirar a los niños que parecían no poder decidir si mostrarse avergonzados por haber sido reprendidos o molestos por no poder terminar el experimento, aunque trató él no pudo reprimir una sonrisa. – Bueno Jerry, tu mamá te llevara a ver a un Doctor del Oído para que puedas volver a casa pronto – extendió la mano para que el niño se la estrechase – Y cuando descubras que es el esgrima, fíjate bien en los trajes que usan – le guineo un ojo divertido para después despedirse de Louis y su madre, y salir con la tabla de la historia en busca del Dr. Stingson, quien realmente debería graficarse más sus interconsultas.

Mientras caminaba esquivando el millar de personas que iban y venían por la sala, otra cosa que le resultaba insoportable, parecía que todos eran hiperactivos allí abajo, no que los culpase había sufrido el Síndrome de ER mientras hizo su interinato en Urgencias, pero dos años después realmente le parecía un poco patético. Su móvil sonó en el bolsillo de su chaqueta y como no podía localizar al Dr., se encogió de hombros entregando la carpeta a una enfermera que pasaba, aun cuando está lo miro de mala gana. Era consiente que lo que acaba de hacer era un despotismo, pero solo una persona tenía asignado Somewhere over th rainbow en su móvil, y era una llamada que a menos que fuera por fuerza mayor, no iba ignorar.

Mientras esquivaba personas saliendo hacia la entrada de ambulancias, fuera el día era caluroso y se apresuró a poner el móvil contra su oreja – Hola pequeña – rió entre dientes al escuchar el bufido del otro lado – Claro que sí, mides como un metro menos que yo, eres pequeña – rodó los ojos aunque ella no podía verlo, mientras caminaba por la entrada, golpeando el asfalto contra el borde de sus zapatos. - ¿Sí? Me parece perfecto, sabes que me encanta cocinar, pero me gusta mucho más cuando tú lo haces – miró el cielo de manera distraída mientras continuaba escuchando a Nathalie relatarle que es lo que ella y Sarah, su niñera, estaban preparando para la cena. Llevaba más de veinticuatro horas de guardia y pese que había conseguido echarse una siesta por la noche en la sala de médicos, no podía evitar sentir el cansancio y las ganas de volver a casa – Bueno, estoy ansioso por probarlo – asintió, al mismo tiempo que su entrecejo se frunció al escuchar el ruido de unas sirenas sonar en algún lugar cercano. – Sí, también quiero ver el nuevo numero que aprendiste hoy, seguro eres el mejor patito del charco – alejó un poco el móvil de su oído al oírla enojarse por el cambio de términos en el Lago de los Cisnes – Okay, okay, ¿me equivoque? – si bien sonó más a pregunta que a una disculpa, ella no pareció hacerle caso, siguió escuchado mientras observaba a los médicos y enfermeras aparecer en la entrada del Hospital, miro el lugar donde estaba plantado y comenzó a caminar hacia un lado para dar lugar – Bueno, no siempre puedes tener los números principales, Nat – sacudió la cabeza – Bueno, si te ha dicho eso es porque debes ensayar más, ella es la que sabe ¿No? – la ambulancia entro al patio y el frunció más el ceño al notar que le era imposible escuchar así – Nat, tendré que dejarte, te llamo luego – habló mucho más alto que anterior mente y cuando escucho un ‘que’ casi grito – Que te llamo luego, un beso – no entendió bien lo que dijo ella, pero supuso que había captado el mensaje porque lo siguiente que escuchó fue el leve sonido del tono.

Alzó la mirada directo hacia la parte de atrás de la ambulancia, y luego, cuando escucho un fuerte ruido al piso encontrado a una de las internas que salieron a la precepción en el piso. Tanteó su bolsillos en busca de un par de guantes, pero no había ninguno en ellos, de todas maneras se apresuró hacia el lugar ayudando a la chica a levantarse, puesto que nadie más lo haría en medio de una urgencia, cuando vio que tenía el codo lastimado sacudió la cabeza – Ve a que una enfermera te vea – casi ordenó mientras seguía a la camilla por el pasillo escuchando un poco de la información, no había visto al paciente y se había perdido la parte descriptiva, pero por lo que recitaba el paramédico se debió haber llevado un buen palo, tomo un par de guantes del carro del pasillo entrado en el box de emergencia junto con la tropilla, se ganó una mala mirada del Dr. Stingson, mientras pensaba que el jodido idiota aparecia cuando uno no lo llamaba – La interna se cayó, así que supongo que puedo echarles una mano por un rato ¿No? – no le importó mucho si le parecía bien o no, aunque por haber pasado allí un par de meses sabía que no iba a discutir y que en las emergencias las manos que ayudaban siempre eran contadas. - ¿La inconciencia es por el traumatismo de cráneo? – Ayudó a la enfermera a romper los pantalones de la chica y la camiseta, el día obviamente no había ayudado con las protecciones que podían llegar a ser las ropas de invierno, estaba muy maltrecha. Hizo una mueca al ver la fractura expuesta en la tibia, claramente el peroné se asomaba también por detrás. – Habrá que llamar a un neuro y a traumató luego – ordenó, aun cuando no tenía ninguna autoridad allí la enfermera se apresuró a asentir, mientras su compañera iba tirando los valores de los vitales, no parecía estar en alerta, pero la chica seguía inconsciente; mientras Fred parecía seguir inspeccionado las heridas, escuchó al paramédico decir que había sufrido una depresión respiratoria en la ambulancia y que aunque había sido estabilizada no había vuelto a recordar la conciencia - ¿Cuál es el nombre? – preguntó mientras el alzaba el cabello para tratar de distinguir algún hematoma encefálico – Roma Hartley, según las identificaciones – fue la respuesta de una de las enfermeras mientras mostraba los documentos y la billetera – ¿Roma? ¿Roma, me escuchas? – le pellizcó a un lado del brazo al mismo tiempo que la llamaba con voz demandante, el ceño fruncido, mientras barajaba las posibilidades de que sea a causa de la hipoxia, también podía ser el shock adrenalinico, no era medicamente tratable simplemente iban a tener que cruzar los dedos porque despertase, no hubo necesidad de una intubación puesto que la saturación era adecuada, la presión un poco baja pero era normal considerando la perdida de sangre, parecía tener también un par de costillas fracturadas y podía apostar que se había dislocado el hombro izquierdo, pero aun así no despertaba. Comenzó a retorcerse, seguramente del dolor y los pitidos de los monitores comenzaron a dispararse. Era bueno que reaccionase al dolor, pero ¿Sería un buen síntoma o malo en este caso?

avatar
Seth A. Johnston
residente
residente

Mensajes : 20

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: You can't choose what stays and what fades away | Seth |

Mensaje por Roma Hartley el Mar Ago 21, 2012 6:18 pm

Había leído que cuando estás a punto de morir, ya inconsciente, una luz te llenaba de tranquilidad. Claro que esas palabras venían de los sobrevivientes de grandes catástrofes y principalmente de los religiosos. Suponía que era eso lo último que querían pensar antes de dejar este mundo, que un Dios omnipotente y misericordioso había llegado a salvarlos mostrándoles así un pequeño pedacito de lo que les esperaba en el paraíso. Para que se fuera en paz. Yo no estaba sintiendo aquello, tal vez la razón de eso era que nunca en mi vida había sido una persona religiosa, espiritual sí, pero no creía en un más allá, tampoco creía que alguien castigara a los pecadores ni premiara a quienes entregaban su vida a Dios. Si así hubiera sido, en esos momentos lo único que se me hubiera pasado por la cabeza habría sido ‘’Voy directamente al Infierno’’. Porque hablando claro, en los ojos de los demás, era yo, una de las más grandes pecadoras. Había pecado en un sin fin de formas. Lo peor de todo sería que no me arrepentía así que si hubiera una opción de redimirse frente a las puertas del cielo, sería lo último que escogería. Entonces no sentía la luz ni la paz, en cambio sentía todo menos paz, era como si un elefante estuviera parado sobre mi, presionando contra mi pecho evitando que así pudiera pasar oxígeno a mis pulmones. Y lo único que podía hacer era pensar. Uno de los más grandes misterios del mundo era el qué pasaba con nuestra esencia cuando nuestro cuerpo moría. Tal vez quedábamos en la nada y pasaba lo que ahora. Nuestras mentes tenían la libertad de vagar junto con nuestra alma. Si eso era lo correcto entonces retiraba lo dicho, tal vez el infierno si existe.

Frente a mi no pasaban más que rostros desconocidos, borrosos y algunos mostraban preocupación mientras soltaban palabras que no llegaba a entender. No porque fuera idiota, era el hecho de que se confundían con el demás ruido a mi alrededor, deformándolas, confundiéndome aún más de lo que ya estaba. La imagen era como una película antigua, oscura y se cortaba muy seguido. Sentí un pellizcón en el brazo el cual no parecía haber sido tan fuerte sin embargo lo sentí bastante doloroso ¿Qué no una vez muerto no estabas libre de cualquier dolor? Me había perdido tanto en mis pensamientos que había ignorado el hecho de que la presión sobre mi pecho había desaparecido por completo. El cuerpo lo sentía pesado y al mismo tiempo ligero, una de las cosas más extrañas que había sentido en mi vida.

Pronto recuperé la bocanada de aire que me hacía falta, con ella mis ojos se abrieron de golpe y debido a la destellante luz blanca del lugar los cerré de la misma manera. Genial, no estaba muerta pero ahora me había quedado ciega —Grandes métodos tienen para devolverle la conciencia a sus pacientes —respondí aunque con mucha dificultad, las palabras se atropellaban y mi voz salió en un tono mucho más bajo del normal. Después de eso no dije nada más, no tenía ganas de volver a abrir los ojos ni la boca para hablar así que me dediqué a escuchar las voces a mi alrededor. La mayoría se dirigían a mi pero preferí ignorarlas. No podía pensar en alguna respuesta con el dolor que tenía. Inclusive respirar me causaba sufrimiento.

¿Podría alguien darme algo para el dolor? —rogué abriendo los ojos al fin. Estos vagaron por la habitación en la que me encontraba, observando los rostros de todos los ahí presentes —Definitivamente, no hubiera salido de casa—dije para mi misma y suspiré tensa. Lisa se iba a encabronar por no haberle contestado el teléfono, si se pasaba por el hospital con su rostro de falsa preocupación me haría la moribunda para no tener que soportar su regaño. Lo mismo haría si mis padres llegaban de una manera inesperada al lugar. Pero cuando estuve en la clínica por nueve meses no fueron a visitarme ni una jodida vez entonces no había razón para preocuparme.

¡Ey tú! —grité en dirección al chico pelinegro —¿Medicina y tortura eran a caso dos carreras en una o por qué el pellizco? —inquirí con sarcasmo. Estaba esperando una respuesta inteligente de su parte, en realidad no esperaba que justificara el pellizcón pues yo no sabía mucho sobre medicina —Ya terminé bastante magullada en el accidente como para venir a este hospital y que todavía me traten así —rodé los ojos. No había sentido lo helado del lugar hasta ese preciso momento y un escalofrío logró que me estremeciera sobre la camilla lo que logró empeorar el dolor que ya tenía haciéndome soltar un silencioso quejido.


Me disculpo por lo corto.



death's on my face
my heart's a prisoner to my ribs
avatar
Roma Hartley
paciente
paciente

Mensajes : 87

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: You can't choose what stays and what fades away | Seth |

Mensaje por Seth A. Johnston el Vie Ago 24, 2012 3:26 pm

Muchas personas creen que cuando uno es medico la satisfacción es inmediata, que seguramente la mayoría de los pacientes corren con agradecimientos y son todos sonrisas. Pues para desilusionarlos pocas veces esto sucede así, si es algo que realmente merece las gracias, en general el proceso es tan complicado que los pacientes –y sus familias- olvidan cosas en el camino.
Seth había visto muchas cosas, cosas que algunos pueden parecerle increíbles o situaciones que se conciben solamente en libros, o que debería ser así.

Por eso aunque una sonrisa tranquila bailó por su boca cuando la chica respiró hondo y abrió los ojos, así haya sido por unos segundos. El desconcierto le gano al flash de satisfacción cuando ella soltó es comentario. Como si eso no hubiese sido demasiado, escucho a Fred riendo entre dientes al otro lado de la camilla, solamente le miro por unos segundos estrechando los ojos, y él solo fingió ni notarlo mientras limpiaba las heridas en las piernas. Miró a la chica, rodando los ojos a sabiendas que no lo vería con los ojos cerrados. Un paciente consciente te saca un montón de presión de encima, es mucho más fácil trabajar así y saber que es lo que está sintiendo a medida que tú tomas las decisiones que favorecerán su mejora.
- ¿Sabes donde estás, Roma? – Preguntó ahora más concentrado en ayudar al Dr. Stingson a estabilizar las heridas de las piernas y ya menos preocupado por la parte encefálica.
Miró de reojo hacia la chica y se encogió de hombros mirando a Fred al ver que no había respuestas, continuó con el trabajo que él había estado haciendo en el momento en que decidió que era hora de ponerse a cargo de su sala, mientras que en su mente el pensamiento de ‘ya era hora’ cruzo de forma automática.

Se desentendió de las preguntas de rutina, y trató de dejar en el mejor estado posible la fractura, una sonrisa de le escapó al escuchar la pregunta, y aumentó cuando Fred casi gruño la orden de los calmantes. Luego de eso solo se enfocó en dejar limpios los bordes y cubrir la fractura para evitar una osteomielitis, cuando el riesgo es alto en este tipo de fracturas. Una vez que estuvo listo allí, se paseó por la habitación, mientras se cambiaba los guantes y tomaba la carpeta para hacer un par de anotaciones, Stingson seguía lidiando con la chica hasta ese momento, pero se dio pro vencido y tomó el teléfono para ver donde era más conveniente llevarla, tuvo que abstenerse de decirle ‘llama a traumatología’ pero sonrió al escuchar que no necesitaba una guía en esta ocasión.
No levantó la vista hasta que escucho a la chica llamar a alguien, en un principio no pensó que fuera a él, pero cuando miró alrededor se dio cuenta que efectivamente era con él. Arqueo una ceja, pero de todas maneras le prestó atención, teniendo que arrugar los labios ante lo que ella se le ocurrió decir. – Siempre prefiero pellizcar algo que se vea intacto, es mejor que sacudir alguna parte que pueda estar herida ¿No? – las palabras se escuchaban lentas, amables, aunque había un deje de una mezcla entre ironía y superioridad que no demostraría directamente porque aun cuando lo estuviese irritando con sus comentarios, no dejaba de ser una paciente. Y era una a la que acaban de arrollar.

Miró a Fred, y aunque presto un poco de atención cuando ella volvió a hablar, siguió hablando por teléfono, de manera que suspirando y bajando la tabla con las hojas que serían el comienzo de su historia clínica, se volvió hacia ella. – Puedes decirme, Roma, ¿Dónde te encuentras? – frunció el entrecejo al ver que temblaba e hizo una mueca, mirando la descarga de analgesia. -¿Donde sientes el dolor más fuerte? – la analgesia estaba actuando, pero sí le subía la dosis o agregaba algún miorelajante solo obtendría una paciente dormida, de la que aun no se sabía mucho. Así que debería esperar a que actúen de una vez o, si el dolor era insoportable, tendrían que hacerla tomar una siesta.
avatar
Seth A. Johnston
residente
residente

Mensajes : 20

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: You can't choose what stays and what fades away | Seth |

Mensaje por Roma Hartley el Sáb Ago 25, 2012 6:20 pm

Si seguía con los ojos cerrados me quedaría dormida, independientemente del dolor que estaba sintiendo en esos momentos, el cual parecía ser del tipo de dolores que quitaría el sueño a cualquiera. Pero aún así no podría dormirme sin avisar en la sala de urgencias de un hospital, por más que lo deseara. No sabía que era más desagradable, el dolor de cabeza que tenía o el dolor del cuerpo.

Volvía a mis pensamientos de antes de despertar, esos que guardamos sólo para nosotros mismos y nadie más porque no podemos evitar creernos débiles si terminamos regalando un pedacito de nuestra razón a otro ser. Porque somos tan egoístas que inclusive las mejores ideas, las más dulces palabras, y las imágenes más enternecedoras son sometidas a pasar el resto de su corta vida en la oscuridad de nuestras mentes. Guardadas y sobreprotegidas. Regresando a la idea del infierno y la muerte, ahora estando consiente de lo sucedido me daba cuenta de que aún seguía sin tener miedo a morir, tal vez era que no me había recuperado tan bien como pensaban los que me rodeaban. Yo siempre estuve segura de que no volvería a ser la misma persona que era antes de pasar por lo que tuve y aunque desde los últimos dos años mis días buenos eran más abundantes que los malos, aún tenía esa necesidad de dar dos pasos hacia atrás y joder todo lo que había logrado, sólo para obtener la satisfacción que sentía al autodestruirme. Tía con esto ya diste los dos pasos hacia atrás, te faltan dos más para volver a donde estabas. Apreté los labios y abrí los ojos para observar a mi alrededor y olvidarme de mis pensamientos. El sonido de las máquinas y las preguntas provenientes de los médicos ayudaban pero no del todo, tampoco me preocupé en contestarlas aunque fuera necesario para que pudieran atenderme de mejor manera.

Escuché lo que el hombre había dicho y rodé los ojos al mismo tiempo que en mis labios aparecía una fugaz sonrisa —¡Que considerado de tu parte! —solté sin ocultar el sarcasmo y suspiré profundamente lo que logró agravar más el dolor. —No creas que es mucha diferencia, pero bueno —Iba a soltar otra frase pero preferí no hacerlo, al fin y al cabo era médico y estaba ayudando. No es que fuera una malagradecida, orgullosa tal vez, pero malagradecida no, sólo que no era de esas personas que se desvivían en demostrar el aprecio o agradecimiento que tenían hacia los demás.

Volví a suspirar. Por supuesto que sabía donde me encontraba, si lo primero que se estrelló contra el asfalto fue mi cuerpo y mi cabeza estaba protegida por el casco —Supongo que estoy en un hospital —solté unos segundos después de que él había hecho la pregunta —No en la universidad, no el teatro viendo una película —rodé los ojos. Eso podía habérmelo quedado para mi misma pero contra mi impulsividad me era imposible hacer algo. —Sinceramente me duele todo el cuerpo, no sabría decirte cual de todos los lugares es el peor —guardé silencio por unos segundos y después observé al pelinegro —Pero es soportable —mentí sólo un poco, ellos ya habrían descubierto que el dolor no era poco pues lo más seguro era que me había roto varios huesos con el impacto —Puedo mover los dedos de las manos y las piernas pero duele muchísimo —dije en un hilo de voz al mismo tiempo que le demostraba, me moví muy poco, la acción fue casi invisible pero ahí estaba. Era una suerte que no había terminado parapléjica.

Pero pensándolo bien, lo que más duele es mi pierna derecha —respondí al fin lo que había preguntado realmente. Sin ganas de nada. La verdad era que mi paciencia comenzaba a acabarse, no iba a soportar más tiempo recostada sobre esa camilla escuchando las voces de los médicos y enfermeras del hospital por mucho tiempo. La paciencia no era una de mis virtudes, nunca la había sido y dudaba que alguna vez fuera a serlo. Era eso uno de los mayores factores causantes de mi carácter tan espectacularmente desagradable.



death's on my face
my heart's a prisoner to my ribs
avatar
Roma Hartley
paciente
paciente

Mensajes : 87

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: You can't choose what stays and what fades away | Seth |

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.