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Mensaje por Alice V. Dainard el Lun Sep 10, 2012 6:24 pm


Alice V. Dainard

La vida no consiste en ser feliz cada instante, si no en que cada instante en que eres feliz baste para suplir todos aquellos en que parece no merecer la pena.

Datos básicos - Personalidad
Nombre completo: Alice Virginia Dainard
Apodos: Vi, Ali, Virgie
Fecha de Nacimiento: 25/12/1997
Edad: 15 años
Nacionalidad: Inglesa y francesa.
Grupo: Pacientes
Orientación Sexual: Heterosexual
Definir a Vi no es algo que resulte fácil, dado que, ciertamente, no entra en ninguno de los prototipos ni esquemas presupuestos de hallarse en cualquier chica de su edad.
Ni muy tímida ni demasiado extrovertida, mantiene, por absurdo que suene, los pies en la tierra: Su vida la ha vuelto algo desconfiada para consigo misma y con los demás con el paso de los años, por lo que engañarla, pese a que por su carácter en apariencia bastante alegre y risueño, pueda parecer lo contrario, supone toda una hazaña.
Esto no es, debo aclarar, óbice para que siga siendo inexperta y totalmente inocente para determinados temas, lo que hace de cualquier situación que requiera poca distancia o algún que otro comentario subido de tono una arma infalible a la hora de encenderle las mejillas, ponerla nerviosa y provocar su tartamudeo.

En su opinión, la razón es el principio básico y todo debe encontrar en ella un porqué y una solución, lo que genera una considerable sensación de angustia en ella cuando experimenta algo que no puede explicar ni controlar. La hace sentirse atrapada. Y no es la clase de persona que soporta ver coartada su libertad.
Con respecto a esto, ni ella misma sabe cuál será en motivo concreto de ello-tal vez tanto tiempo cuidándose sola, tal vez tantos golpes que le ha dado la vida-pero se ha obligado a aprender a vivir sola y la aterra la idea de depender de alguna otra persona.

Aún así, tiende a ser bastante agradable y tranquila en el trato diario. Siempre tiene una sonrisa en los labios y algunas buenas palabras para quien sepa tratarla, lo que le facilita mucho hacer amigos.

Como principal defecto digno de mención, podría destacarse que es rematadamente orgullosa y desafiarla es, probablemente, la única forma eficaz de manipularla pues, aunque sea lo bastante inteligente como para percatarse de que solo la están retando para conseguir que haga lo que quieren, es incapaz de asumir que se la considere incapaz de hacer algo.

No quiero significa no puedo, no poder significa fallar y solo el más débil falla.
Prefiere morirse antes que pedir ayuda, pero siempre está dispuesta a prestarla.
Su propia debilidad la obsesiona y, a menudo, condiciona mucho su existencia, sea ella consciente o no.

Es bastante lógica con los conflictos, pero tiende a ser más justa y crítica con las injusticias sufridas por otras personas que por las que ella misma experimenta.
Cree- con pasmosa frecuencia- merecer todo lo malo que le ocurre, por lo que resulta difícil de enfadar y pocas veces se mete en problemas serios, prefiriendo, dada su condición, tolerar las humillaciones hasta cierto punto solo para evitar las peleas, sin dejar por ello de ser muy sincera en lo que a sus opiniones respecta.
Antecedentes históricos
φ Juliette Marie Dainard{Sawyer de soltera}
Madre, fallecida, estaba muy unida a ella y protagoniza la mayor parte de los recuerdos agradable que guarda de su infancia, por lo que evocar su memoria suele dibujarle una sonrisa en los labios, al menos, hasta que vuelve a su memoria el trágico final. Su pérdida resultó muy dura para ella.

φDerek Louise Dainard
Padre, no sabe qué ha sido de él, pero le odia, le odia y le teme más que a nada y nadie en el mundo. Solo oír hablar de él la pone sumamente nerviosa y le trae pésimos recuerdos, por lo que suele evitar el tema a toda costa. Tiene una severa adicción al alcohol y al juego, además de ser un individuo tremendamente violento, impulsivo, cobarde, egoísta e inmoral.


A Claire nunca le habían gustado los hospitales:
Le parecían un lugar deprimente repleto de personas que escondían su sadismo tras un título de medicina e individuos que entraban enfermos y preocupados y salían del mismo modo, eso sí, con el añadido peso de alguna mala noticia haciendo compañía a su falta de salud.

Y era por ese mismo motivo por el que, que los guardaespaldas de su hermano- quien padecía últimamente una grave psicosis de manía persecutoria- la hubieran arrastrado a uno de esos antros le parecía, simple y llanamente, una falta de respeto.

No, ella no era la clásica niña rica que considera que debían cumplirse todos sus caprichos en el mismo instante en que se le antojaban pero... ¡vamos! ¿Era demasiado pedir que hubiera tenido la decencia de ir a buscarla personalmente?-se preguntaba furiosa, fulminando todo cuanto su mirada alcanzaba a observar a través del tintado cristal de la limusina en un desesperado intento de preservar el poco respeto y aprecio que le quedaba hacia su hermano, dirigiendo el rencor que este le producía hacia cualquier otra cosa.

Era consciente de que su ira no estaba motivada por el hecho en sí, si no por la única razón por la que este tenía lugar: Daniel estaba-de nuevo- demasiado ocupado con su amante para atender a su familia.
Una familia que-para desgracia de Juliette y de la desventurada criatura que vendría al mundo-estaba a punto de ganar un nuevo miembro.
A sus dieciocho años, conociendo como conocía a su hermano y sabiendo el trato que este daba a todos a su alrededor, no podía evitar experimentar una fuerte sensación de lástima por aquella que pequeña, condenada irremediablemente al desolador trance de soportar la soledad que todos en aquella mansión sobrellevaban a diario.
Darle la vida para hacer con ella lo mismo que sus padres habían hecho con la suya le parecía un acto en extremo cruel y por eso, cuando su cuñada-a quien a veces creía mucho más inocente de lo que podría serlo una niña de primaria- depositó en sus brazos a aquel ser diminuto, calentito y frágil al punto de poder romperse en cualquier momento, la fría y superficial Claire Dainard, heredera, junto con el padre de la criatura, de una de las mayores fortunas de Texas, tuvo que hacer un sobrehumano esfuerzo para no mirarla a los ojos.

Mas, no queriendo hacer más infeliz de lo que ya era a quien la había traído al mundo, hizo de tripas corazón y sonrió a su madre-una joven inglesa que le sacaba apenas cuatro años y había caído inexplicable y profundamente enamorada de su hermano-meciendo a la pequeña entre sus brazos como le señalaba, para detener su llanto, observando maravillada-su voluntad no fue lo bastante férrea como para evitarlo- cómo esta se "serenaba" de a pocos y empezaba prestarle una adoradora atención, fijando en los suyos sus azules ojos, tan amplios, brillantes y llenos de genuina admiración hasta desarmarla por completo.

Lo intentó, puso todas sus fuerzas en ello, pero no pudo evitar tomarle un ciego afecto en ese mismo instante, perdida en aquella más que extraña experiencia que, al parecer, su padre no atravesó o, de haberlo hecho, olvidó en a penas unas semanas después...

Claire pudo observar, con el paso de los años, como su infancia-aunque llena de lujos-se convertía en una perfecta respresentación de lo que se temía:

Los diarios esfuerzos de Juliette para esbozar una sonrisa siempre que se sabía observada por su hija, resultaban cada vez menos creíbles y más vanos, pues, lejos de dejarse sumir en esa burbuja de felicidad ignorante, sentía resquebrajarse la inocencia de la pequeña con todas y cada una de las lágrimas que ella derramaba en las noches de silencio.

"Puede que no fuese más que una cría, pero no era idiota, lo que pasaba resultaba evidente aún para quien no sabía ni cuál podía ser su nombre."

Todos los vecinos de la carísima zona residencial que era en aquel entonces Blackrose Boulevard tenían a la mansión de los Dainard por la casa ideal, convencidos de que albergabaa una feliz y perfecta familia.
Sobra decir que, como siempre en tales casos, ese concepto no podía estar más lejos de le realidad, resultando, tras aquella imagen tan hogareña y señorial que producía a quienquiera que la viese, poco más que un excesivo espacio que acrecentase la sensación de soledad de quienes la habitaban.

Las paredes, actuando poco más que como barrotes, capturaban imágenes de amigos y antepasados de la familia, siempre observándola críticos, serios y analíticos desde sus respectivos cuadros y fotografías y los frondosos y exuberantes jardines se veían convertidos en irónica metáfora de toda la vida que les rodeaba sin llegar a ser del todo alcanzable, limitada a las vistas que atrapaban los ojos de la niña, maravillándola y manteniéndola sentada horas y horas frente al balcón, soñando con cosas tan simples como correr por las calles como los demás niños.

Un año tras otro, mientras lo inviernos convertidos en infiernos se sucedían, el tiempo pasaba convirtiendo a Claire en mudo testigo de los-cada vez más violentos-arranques de su hermano.

Se sentía horrible, un cómplice más de la tortura en que la infancia de su sobrina-que se había tornado pese a todo en una chiquilla dulce y complaciente que ocultaba los horrores vividos tras una sonrisa marcada por la tristeza-se estaba transformando.

Las amantes de Daniel habían comenzado a hacerse una visita habitual en la mansión hace años y las discusiones entre sus progenitores no hacían si no ir a más, por lo que la paz solo se encontraba en breves períodos de vacaciones en los que se encontraban con las familias de los socios de su padre, cuando tenía que procurar dar una mejor imagen.

Y fue precisamente al acabar uno de esos veranos que su madre no pudo soportarlo más decidó- al saber que su marido había hecho oficial su futura boda con una mujer que, a decir verdad, podría haber sido su hija, sin haberse tomado siquiera la molestia de avisarla- tomar la navaja que el hombre siempre llavaba en su chaqueta como medida de seguridad y cortarse las venas, con la mala fortuna de que su hija, que entonces contaba solo ocho años, viese toda la escena.

Solo unas horas después, los ojos de Alice continuaban inundados de lágrimas, mientras esta abrazaba sus rodillas, inmóvil en el mismo lugar en que los hombres de su padre la habían encontrado, después de que este la abofetease e inculpase de lo que había sucedido con su madre. Hoy en día prefiere pensar que solo lo hizo por una mente enferma...pero entonces...entonces aún era lo bastante niña como para creer que tal vez ella sí fuera la culpaale.

Se sentía traicionada, dolida, desolada, furiosa...y triste...muy triste...desesperada por la pérdida de la única persona que suponía un motivo para creer en la humanidad. No podía entender cómo había sido capaz de hacerle aquello ni se sentía con fuerzas ni capacidad para comprender que ella, precisamente, se hubiera marchado sin ella o, al menos, sin despedirse. No podía hacer más que sentir como miles de preguntas descorazonadoras se arremolinaban en su mente acrecentando la angustia que sentía:

¿Tan poco le importaba? ¿Era tan pequeño el valor de su vida? ¿Acaso había sido un castigo?
Encendió el televisor pensando que tal vez, si permanecía inmóvil mirando aquella pantalla luminosa de modo que todo ese dolor permaneciera paralizado, conseguiría mitigar su llanto y presionó una tecla al azar del mando al distancia, topándose con los informativos.

Se quedó pálida al ver en ellos la respuesta a algunas de sus preguntas: según el reportaje que ahora mismo se estaba transmitiendo, tanto ella como su madre, familiares del recientemente arruinado empresario Louise Dainard, habían fallecido en un trágico accidente de tráfico.

El pánico la inundó: a ojos del mundo estaba muerta, lo que, en otras palabras, se traducía como que estaba a completa merced de su padre.
Nadie iba a ayudarla porque, después de todo ¿quién iba a preocuparse por una muerta?

Los datos acerca de la ruina de su padre habían sido lo único real en aquella noticia.
Lejos había quedado la riqueza de antaño, perdida en sus memorias como el fugaz sueño de una mente desesperada por hayar alguna alternativa a la realidad que actualmente se le ofrecía:

Su existencia se encontraba delimitada, recluida y condenada por cuatro paredes-a las que llamaba así más por preservar la poca salud mental que le quedaba a sus escasos diez años, que porque ignorase que la palabra exacta para nombrarlas sería "ruinas"(la educación que había recibido en casa hasta la muerte de su madre le había otorgado un alto nivel académico)-y apenas unos escasos metros de bosque.

Además, por si aquel encierro no fuera suplicio suficiente, cadenas, humedad, sangre, latigazos y el intenso olor a alcohol y tabaco impregnados en su piel, se habían convertido, en nociva mezcla con su padre y la presencia de un baúl repleto de libros, en su única compañía.

Eran pocas las horas en que Vi podía sentirse libre: momentos preciosos en que su padre decidía gastarse un dinero que no tenían en prostitutas y apuestas, para regresar borracho e iracundo y emprender otra larga persecución en la que ella era la única y acorralada presa.

Pensándolo bien, tal vez ese no era un símil demasiado acertado pues, al menos, la presa podía gozar de la liberación que, desde su punto de vista, era la muerte. Y ese era un privilegio que su padre no parecía estar dispuesto a concederle.

No, el prefería sujetarla con aquellas horribles cadenas y disfrutar de los gritos y gemidos de dolor que la cortante dureza del cuero de su cinturón o fusta le hacían liberar al hacer contacto con los moratones y cortes que había dejado sobre ella el día anterior mientras le recordaba que ella era la única causante de su desgracia y de la muerte de su madre.
Nunca tan adecuada había sido aquella frase que tanto repetía su profesor: Llovía sobre mojado.

Sin embargo, cuando cumplió los doce, en una noche de lluvia en que el rugido de los truenos ahogaba los macabra risa de su padre y sus propios quejidos, algo cambió:

Él se acercó amenazante,como siempre lo hacía, liberándola de las cadenas y observando con deleite como se desplomaba de rodillas llorosa. Hasta ahí, todo era normal. Sin embargo, cuando su mano derecha tomó con fuerza su mentón obligándola a mirarle a los ojos, todas sus alarmas saltaron. Algo no iba bien, ese gesto era señal de que algo todavía peor de lo acostumbrado estaba a punto de suceder.

De un tirón brusco, la puso en pie agarrándola con la fuerza suficiente como para que se le agotase el aliento. Quería que fuera consciente del brillo sádico en sus ojos azules inyectados en sangre, de su sonrisa violenta y la tensión en su mandíbula.

Podía ver, aterrorizada, aquella marcada vena en su frente advirtiéndole de lo que la esperaba, sentía sus toscas manos subiendo por entre sus muslos al tiempo que le susurraba con voz ronca:
"Es una pena que no vaya a poder hacerte a ti lo que a tu madre...te pareces tanto a ella"-le había susurrado, volviendo a soltarla-"pero vas a pagar un buen porcentaje de mi deuda con ese idiota".

Le miró confusa. No entendía lo que le estaba diciendo....no podía ser que hubiera sido capaz de regalarla. No, no quería creérselo. Mas, lamentablemente, tuvo que hacerlo. Y cuando quiso darse cuenta, estaba sentada en la limusina de aquel hombre, que doblaba con sus casi treinta años los quince que ella contaba.Tenía miedo, mucho miedo de lo que pudiera hacerle y fue por eso, tal vez, que aquellas palabras la dejaron perpleja.

"No tienes que tenerme miedo. No pienso ponerte nunca las manos encima".

Una frase capaz de embargarla emoción indescriptible, esa clase de agradecimiento que solo puedes profesar a alguien a quien debes la vida, una sentimiento que, aunque le habría gustado, no fue capaz de expresar, encontrando apenas las fuerzas para asentir . Se había desmayado.
Cuál no fue su sorpresa al toparse, cuando despertó,en una enorme un confortable cama, como la que tenía de niña, con vendas sobre sus heridas y el calor de una casa en condiciones envolviéndola.
Era reconfortante...tan cálido que llegó a parecerle incluso irreal, como la sonrisa del chico que la había recogido:

"No sé si la habitación será de tu agrado"-le había dicho-" pero al menos tendrás calefacción y cama...cuando te recuperes...ya veremos que hacer."

Y sí, debe reconocer que la opción de convertirla en su prometida solo para explicar su presencia en su casa le pareció excepcionalmente extraña, pero siendo como era solo una excusa-al menos, a sus ojos- no quiso concederle especial importancia. Sobre cómo fue a parar al hospital...bueno, basta con decir que los fuertes dolores que ocasionalmente sufría en el pecho bastaron para alarmar a su prometido, que no dudó en aceptar que la ingresasen.

Pero...¿que hará si llega a saberse su verdadera historia? ¿qué será de ella si no logran explicarlo todo en caso de que eso suceda? Y sobre todo...¿que pasaría si su padre llegara a encontrarla? Son preguntas cuya respuesta ignora y teme por igual ¿la encontrará? Quién sabe ¿tendrá que enfrentarla? Espera que no.
Otros datos
    Gustos:
  • Tocar el piano
  • Bailar ballet
  • Los bosques ( y cualquier espacio que le de sensación de libertad)
  • Las noches lluviosas (no de tormenta)
  • Cocinar
  • El cine en general

    Odios:
  • Los truenos
  • Los dulces
  • El olor a tabaco
  • La sangre
  • Las ratas

    Manías:
  • Siempre se muerde el labio inferior cuando está nerviosa o intenta contenerse.
  • Siempre que intenta tolerar dolor o aguantar el miedo se clava las uñas en los muslos o las palmas de las manos.
  • Se toca el pelo constantemente.

    Fobias:
  • Hemofobia
  • Brontofobia
  • Merintofobia

    Enfermedades:
  • Desde niña padece una enfermedad cardíaca que le hace poco recomedables los grandes esfuerzos físicos.

    Extras:
  • Sueña con ser directora de cine, pero se cree demasiado condenada a fracasar para intentarlo.
Credits to Rapture

​​


Última edición por Alice V. Dainard el Mar Sep 11, 2012 9:06 am, editado 3 veces
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Re: Alice V. Dainard {ID}(loading...)

Mensaje por Chloe Häsler el Lun Sep 10, 2012 8:04 pm

Postea una vez que termines cielo!


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Re: Alice V. Dainard {ID}(loading...)

Mensaje por Alice V. Dainard el Mar Sep 11, 2012 9:07 am

Lista!!! Espero que todo esté bien.
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Re: Alice V. Dainard {ID}(loading...)

Mensaje por Chloe Häsler el Vie Sep 14, 2012 3:22 pm



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