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Revenge will surely come - Hart

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Revenge will surely come - Hart

Mensaje por Rickard A. Baelish el Miér Ago 29, 2012 5:05 pm

Los médicos no tenían vacaciones. La sola labor era considerada como uno de los trabajo más esclavizados, a reserva de la mínima cantidad de personas que opinaba otra cosa y defendía su empleo muy a pesar de lo maldito o mal pagado que fuera. Dentro de un hospital no se conocían los días de incapacidad por gripa, no había días de descanso en navidad, suspensión de labores por día de la independencia, fiesta de halloween por la noche y ni hablar de los festejos de cumpleaños. Por ello, las noches sin guardia o los fines de semana poco laborales solían ser bendiciones bien recibidas para gran parte del personal médico que nunca se negaban a la primera oportunidad para abandonar el tan inmaculado sitio.
Hoy no era fin de semana o día de pago, solo un sencillo martes sin mucha afluencia, el día favorito de la semana para el castaño, sin explicación o motivo solo le gustaba y eso ameritaba una copa. El Coyote, ridículo nombre para un bar, es el sitio por excelencia al menos para la gran parte de las personas que como él trabajan en Norwood, les bastaba cruzar un par de calles para entrar en la agradable ambiente siempre con música de fondo, camareros que escuchan atentos las quejas de las chicas o el parloteo del televisor que en situaciones de soledad era bien recibido.

Rickard por su parte no necesita ninguno de los anteriores. Descansaba sentado en una de las tantas mesas particulares del lugar, con los brazos apoyados sobre la superficie y la vista fija siguiendo las líneas de un libro. Su copa ya había sido servida pero no la bebía al estar tan absorto en la lectura, por tercera ocasión había abandonado el bullicio de la barra para obtener privacidad en una mesa cercana a la puerta dónde no tenía más que recurrentes preguntas tales cómo ¿Ocuparás esta silla?
El castaño encontraba su tranquilidad leyendo apartado del resto de la humanidad, no socializaba mucho - nunca lo había hecho - y desde hace dos noches había desertado de intentar ligarse a cualquier chica del bar. O al menos había desertado de intentarlo en la barra.

Lo dejaré a tu gusto le hubo dicho al camarero que conocía desde hace un año, no le tenía confianza pero se divertían juntos riéndose a costillas de los demás.
Esta vez la idea era que aquel tipo seleccionara para Rick una chica linda a la vista y que no viniera acompañada o en su caso que se alejara del resto. Entonces llegaba con su sonrisa de disculpa para ofrecerle una copa ya pagada por el tipo sentado en la mesa, esa era su nueva y patética forma de levantarse a alguien. Esperar que ella se acercara para agradecer o bien para recriminar según fuer el caso y el humor de la muchacha.
Anton nunca levantaba la vista pues en verdad no le interesaba iba a ahí solo para leer y jugar un poco, tentaba su suerte esperando llevarse un pez gordo y entretenido. Hasta ahora solo había tenido dos cosas: la primera una plática aburrida sobre el ex novio de la pelinegra que parecía querer un hombro para llorar y una mirada de reproche de una rubia que simplemente no quiso beber con él. La tercera era la vencida, hoy lo volvía a intentar, llevaba su libro para distraerse en la espera y no bebía para mantenerse sobrio evitando decir una estupidez.

La campanilla sonó, él se sonrió por lo bajo sin alzar la vista. Momento de cruzar los dedos.


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Re: Revenge will surely come - Hart

Mensaje por Roma Hartley el Miér Ago 29, 2012 5:47 pm

Estás últimas semanas había estado viviendo de té verde y galletas saladas. No porque beber una planta serviría en mi situación, la insuficiencia no se iría con nada más que con un trasplante y las posibilidades de que un donador apareciera eran pocas. En los ojos de los demás, estaba jodida pero aún me miraban con la esperanza de que todo se arreglara en un dos por tres. Mis padres llamaban todos los días para verificar mi bienestar y lo único que deseaba yo era que me dejaran sola, pues no me encontraba mal ni asustada, a diferencia de ellos que parecían tratarme con el mayor de los cuidados posibles, casi como antes de internarme en la clínica. Como si temieran que me deshiciera.

No joder, no me encontraba en shock por la noticia que me había dado la doctora. Para mi habían cosas peores en esta vida que lo que me estaba sucediendo, claro que noches atrás no paraba de quejarme y preguntarle a la pared el por qué a mi. Lo que sí, mi bienestar mental se fue a la mierda. Todo el mundo afrontaba las cosas de diferente manera, unos lloraban y gritaban otros no decían palabra alguna y yo había ya retrocedido los dos pasos que me faltaban para volver a estar en donde me encontraba cinco años atrás. Me habían dicho que no me curaría del todo y que los relapsos podrían suceder. Volver a eso me hacía sentir extrañamente satisfecha. Era un infierno y al mismo tiempo una tranquilidad indescriptible. Humedecí mis partidos labios y di otro trago a mi té para terminarlo así. Oscilaba entre la cordura y perder los estribos. Cerraría los ojos. Sólo por cinco minutos. Me recordé.

No supe en que momento me quedé profundamente dormida pues el sonido del timbre me sobresaltó haciendo que casi me cayera del escritorio en el que había estado sentada. Observé por la pantalla que mi padre me había obligado a comprar cuando me mudé a Boston para ver de quién se trataba antes de abrir la puerta. Era Lisa, lo sabía por los labios rojos y el cabello color rubio. Antes de dormir recordaba que el reloj marcaba las cuatro de la tarde y ella había prometido pasar por mi a las nueve de la noche, no podía haberme dormido siete horas. Pase una mano por mi cabello y avisé que saldría en unos minutos. Estaba ya vestida para salir, pero me faltaba maquillarme, eso no llevaría tanto tiempo. Mi piel lucía más seca y pálida de lo normal, no sabía si la razón de ello eran los riñones o mi pequeña e insignificante regresión.

Cuando salí a recibirla, o más bien cuando bajé para entrar al automóvil ella me dirigió una mirada que valía más que mil palabras pero aún así no se limito y me dijo que lucía un semblante menos saludable, claro que Lisa era la otra cara de la moneda y era una dulzura de mujer al momento de decir las cosas, después de eso me llenó de halagos pero preocupada me preguntó si seguía asistiendo al médico. Yo sólo rodé los ojos y me encogí de hombros —No debes de preocuparte, Lili. Todo está como la última vez, no ha cambiado y si ha empeorado pues ni modo —Solté con un aire de indiferencia que me describía a la perfección. Entendía que se preocupaban por mi pero últimamente todos querían manejar mi vida, haciéndome citas con los médicos, vigilando que estuviera tomando decisiones sanas. Claro que ese no era un pensamiento del todo sano y salir a beber tampoco ayudaba pero dejar de hacerlo no repararía nada ¿Qué tanto importaba en realidad?

Durante el camino tuve que escuchar sus quejas como era de esperarse, en ocasiones la miraba de reojo y volteaba la mirada haciéndole saber que las cosas por las que se preocupaba eran bastante idiotas —Si no te ha llamado mejor para ti, vive la vida un poco, para una relación seria y una boda todavía te falta mucho—le comenté fríamente aunque con una amplia sonrisa en los labios. Me había prometido, después de eso que no volvería a tomarle tanta importancia a los hombres y que se dedicaría a vivir la vida como le había dicho yo. La miré de reojo y simplemente reí. Eso era algo que tenía que ver para creer.

No entendía porque la rubia había decidido ir al bar más lejano que conocía, ni siquiera solíamos frecuentarlo pero no me molesté en preguntarle. Siempre estaba dispuesta a conocer más lugares y gente diferente. Habíamos hecho un pequeño plan, ella escogía mesa y yo iba por las bebidas así que en cuanto entramos al lugar, sin siquiera mirarla, me encaminé hacia la barra. Tuve que esperar casi diez minutos para que alguien me atendiera pues a decir verdad, el sitio estaba a rebosar de personas. Antes de poder pedir algo, el chico de la barra me hizo enseñarle mi ID —No jodas, tengo veintitrés años—rodé los ojos al mismo tiempo que el observaba el documento —Como sea, dame dos mojitos —sólo por simple curiosidad volteé a ver donde se encontraba Lisa sentada. Había encontrado una mesa libre sin embargo en mi asiento se encontraba un joven rubio de ojos cafés y sonrisa encantadora. Claro, no se podía resistir a tal hombre pensé con sarcasmo —Que sea sólo uno—apreté los labios y me encogí de hombros. Esta vez se había superado a si misma, no había pasado ni veinte minutos de lo que me había dicho en el auto cuando ya estaba ligando con alguien más.

Cuando el chico me entregó mi bebida, después de otros diez minutos de espera, me le quedé mirando por unos segundos—Esto no es lo que pedí—dije volviéndolo a poner sobre la barra sin quitarle la mirada de encima, la cual parecía haberlo cohibido un poco. No iba esperar tanto tiempo para tan mala atención.



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Re: Revenge will surely come - Hart

Mensaje por Rickard A. Baelish el Sáb Sep 01, 2012 12:46 am

Disimular no era lo suyo, terminaba delatándose con alguna mirada de más o un argumento que anticipara sus planes, por lo tanto prefería ser sincero o al menos ir al grano en las mayoría de las ocasiones. Así que cuando miro al último par de chicas en entrar pensó, inconscientemente, en una reunión de colegialas. Un grupo común de chicas que se reune para cotillear y levantarse un par de chicos mientras beben y sueltan risas escandalosas. Las cosas cambiaron totalmente cuando una de ellas realizó lo antepenúltimo dejando a su compañera dispuesta con las bebidas pero muy lejos allá en la barra.
Esto es estúpido pensó el muchacho cuando se levanto. Medidas desesperadas era lo que parecía. No estaba deseoso de ligar a alguien y eso era lo que no llegaba a comprender. Entonces, ¿por que seguía jugando? ¿qué interés de querer invitarles algo? Soledad o costumbre, no sabía por cual decantarse.

Lo sabe pronuncio cuando se hubo situado a su costado De hecho creo que ya deberías de conocer la situación, no que estés acostumbrada a esto, peor hasta en las películas se hace obvio. Hay alguien que le invita un trago a una chica, en este caso tú y yo. Aunque sinceramente no esperaba que fuera tan joven - cuando le dijo al barman aquello de "invitale un trago a una chica que consideres linda" no pensó en especificarle que debía aparentar su edad ¿cuántos años podría tener ella? ¿dieciocho? aunque a Rick no le interesaba que tan menor o mayor fuera, tampoco deseaba ganarse un problema de gratis.

Llevaba aun su bebida en la mano cuando por fin se sentó. Había esperado unos minutos para ver la reacción de la morena, si lo recibía o lo corría con una mueca, finalmente Rickard pensó que aquello no debía importarle, si ella no quería al menos charlar él se lo ahorraba tampoco es como que se fuera a tirar al drama. Dejo su libro en un costado y termino la copa de un solo trago. No era gran cosa, una paloma, no tenía apetito de emborracharse. Para ella vio llegar un mojito, no pudo evitar arcar su ceja no a muchas chicas les gustaba sobre todo por el sabor a menta, la gran mayoría de las que frecuentaba se iban por bebidas más suaves y adornadas. Lo poco que veía de ella en cuanto a sus gustos, le agradaba.
Mira igual puedes tomartelo o no, como quieras. Piensa en ese trago como una entrada antes del mojito, es gratis se encogió de hombros para restarle la importancia que requería. En cuanto el barman, antes de que se fuera le ordeno un nuevo trago, una copa de coñac sería su último trago de la noche. Ya lo había establecido antes de entrar, no quería beber mucho al ser todavía inicios de semana y peor aun, mañana tendría guardia nocturna, con una resaca encima el hombre parecería zombie casi al grado literal.

Recargando los brazos en la barra apoyó una mano en su sien, solo para mirar a la castaña a su lado ¿Cuántos años tienes? no quiso quedarse con la duda, en apariencia era muy joven pero sus ojos no tanto. Otra cosa estúpida en la que Rick pensaba y nunca compartía. Creía fielmente que a las personas se les conocía por la mirada y ella tenía o bien alma de vivida o solo se había maquillado muy bien para aparentarlo.


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Re: Revenge will surely come - Hart

Mensaje por Roma Hartley el Sáb Sep 01, 2012 2:07 am

Me quedé observando al hombre detrás de la barra en espera de una respuesta, sin embargo demás personas llamaron su atención, al fin y al cabo era su trabajo y yo no pensaba molestarme porque me hubieran entregado otra bebida. Tenía antojo de un mojito, pero el alcohol era alcohol, no estaba en momentos de rechazarlo. Me humedecí los labios y cogí uno de los bancos frente a la barra para sentarme sobre este. Dejé descansar el vaso de alcohol sobre la helada barra de granito y enderecé mi espalda para después pasar una mano por mi cabello, evitando así que un mechón cayera sobre mi rostro, molestándome. No quise echar otra mirada hacia atrás, prefería dejar a Lisa hacer lo que se le pegara en gana, no entendería a menos que le sucediera algo, pero eso no significaba que quisiera que algo le sucediera a mi mejor amiga.

Una voz masculina parecía dirigirse a mi, aunque podía ser a cualquiera. Me encontraba en un bar repleto de personas y sería superficial pensar que me hablaba a mi —Nadie me había avisado que estaba viviendo en una película—solté con ironía una vez que me di cuenta de que en efecto, el chico se dirigía a mi. Sus ojos eran de un extraño color que me recordaba al océano y su voz sonaba rasposa, como si no hubiera hablado en mucho tiempo. No sonreí ante sus palabras pero eso no significaba que estuviera molesta —Agradezco que me hayas regalado una bebida, últimamente lo único que me han dado ha sido miradas de pena y palabras de optimismo. Dos cosas que sinceramente no necesito y en estos momentos, no me creas alcohólica, pero ocupaba algo de beber —me encogí de hombros. Humedecí mis labios y rodeé con mis manos el vaso, acercándolo más hacia mi. Ladeé mi cabeza y sonreí de medio lado por cinco cortos segundos, no más, no menos. Otra vez venían a mi con el tema de la edad, en realidad agradecía que me encontraran tan joven, tal vez cuando me encontrara en mis cuatro décadas me vería de veinte y eso era algo que muchas personas ansiaban.

Se sentó a mi lado y logré vislumbrar que entre sus manos se encontraba un curioso ejemplar del cual no tuve tanta suerte como para ver el título. Alcé ambas cejas y volví a enderezarme pues sentía que me había encorvado un poco cuando comencé a charlar —Invitas un trago a una chica, no tan ‘’joven’’ como yo —dije acompañando mis manos con la señal de comillas que solía hacerse con los dedos índice y medio —una buena charla, puede que hasta un buen polvo ¿Quién sabe? No adivinamos el futuro pero es lo que uno se propone cuando por la cabeza se le pasan ese tipo de ideas ¿no? —no me importaba su respuesta y no la esperé así que seguí hablando. Podía parecer que lo culpaba por lo que había hecho, pero en realidad no tenía nada porque molestarme—Pero esta vez me parece que no es así, puede que no te encuentres del todo consciente sobre ello pero lo que buscas no lo necesitas, no pareces saber lo que quieres y puede que me equivoque pues no soy tú—me encogí de hombros y alargué mi mano hacia donde su libro estaba, acercándolo más hacia mi para después levantarlo y enseñárselo—Porque uno no trae libros a un bar—negué con la cabeza, podría ser que mis palabras no tuvieran sentido alguno para él, pero para mi sí —No importa que tan empollón, filosófico o amante de la lectura seas. Un libro y un bar no se llevan. Hay un millón de cosas que pueden joderte la noche si juntas esas dos cosas, porque sinceramente, démonos cuenta que hay ruido, accidentes y demás molestias. Ni aunque fueras masoquista aceptarías leer en un lugar así—volví a dejar sobre la barra el libro—No quieres estar aquí y aún así pareces tampoco querer moverte del lugar...He pasado por eso un millón de veces—y comenzaba a meterme en cosas que a mi no me llamaba por lo cual decidí cortar el tema enseguida. A veces necesitaba recordarme que no tenía yo el derecho de entrometerme en la vida de los demás. Al igual que no le daba a los demás, el derecho de meterse en la mía. Era algo que necesitaba respetar. Pero no podía ignorar que el rostro de aquel chico ni siquiera mostraba un atisbo de felicidad, de bienestar. Pero había algo en esa infelicidad que transformaba las cosas, no me refería a que se convertía en gozo o satisfacción, mucho me nos en felicidad. Pero siempre íbamos a ser más felices en el sitio donde no lo éramos. Y eso no era sano ¿Pero en este mundo eso que importaba?

Solté un suspiro y con eso todos mis pensamientos se dispersaron. Había ignorado por completo el mojito que estaba frente a mi, al lado de la bebida que el chico me había dado, sin pensarlo después de escuchar sus palabras, le di un trago largo que no significaba nada —Gracias—fue lo único que dije. Bajé el vaso y con éste la mirada, ocultando la sonrisa que se había pintado en mi rostro ¿En serio importaba tanto la edad? No creía que él fuera muchísimo más mayor que yo. Total ¿Qué más daba? Nada perdería al decirle cuantos años tenía —Pues no soy muy mayor, como tú dijiste, aún soy joven y tú también lo pareces. Tengo veintitrés años, casi veinticuatro—admití —Y mi nombre es Roma, para ahorrarnos otra pregunta aburrida —me apuré a decir con una seca sonrisa en los labios. Y lo demás dejaría que él lo descubriera, me era complicado mantener amistades y relaciones, sólo muy pocos se quedaban al igual que me quedaba yo, con muy poco. Tal vez terminaban cansados de soportarme, pero yo no iba a cambiar mi forma de ser para agradar a quien se me pasara al frente. Cada persona era un mundo y yo estaba dispuesta a explorarlo, pero no todos pensaban igual.



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Re: Revenge will surely come - Hart

Mensaje por Rickard A. Baelish el Dom Sep 02, 2012 3:36 am

¿Miradas de pena y palabras de optimismo? Se que es eso ¿Qué ha ocurrido en tu vida para que las merezcas? se pregunta observando en silencio a la joven chica de cabellos oscuros. Son completos desconocidos pero siente una gran familiaridad al ver el aspecto sereno que tiene su rostro, no sabe por que pero le agrada que a la primera de cambio no le sonría como la gran mayoría de las chicas a las que se les invita un trago. Eso lo hace quedarse un poco más y permitirse escuchar lo que ella tenga que decir, finalmente Rick ya ha hablado lo suficiente como para generar respuestas.

En un inicio no sonríe, la seguridad y verdad que salen de su boca le sorprende. Lo cierto, cuando el chico se muestra galante la primera y única idea que ronda en su cabeza es tirarse a la chica. Que más da, aquello le gusta y podría decirse que lo practica como un deporte, pero hoy no era la ocasión, se vino a plantar en un bar con un libro en sus manos solo con ganas de experimentar y tal vez subir un poco más el ego al averiguar cuantas chicas caían solo por una copa de licor. Lo siguiente, por dios o la divinidad que exita, lo siguiente si que lo deja sin palabras haciendo que entreabra los labios por la sorpresa.
Lo desarmo completamente, ella pudo ver en minutos lo que Rickard no terminaba de entender. No había que buscar un pero a sus palabras, le daba la razón y creyó demostrarlo sonriendo débilmente al tiempo que agachaba la mirada y asentía con la cabeza
Eres muy lista para solo tener veintitrés años la ha dejado terminar con todas sus palabras para después el continuar Estas muy en lo cierto, un bar y un libro no son cosas que van de la mano, pero lo mismo no van el masoquismo y el amor e igualmente se practican. Digamos que tienes razón y soy un alma perdida en el mar del inframundo, como ya hay muchas sin pensarlo dos veces remoja sus labios y refresca su garganta con el licor que le han traído, lo toma seco sin un trozo de hielo en su interior, aquello solo difumina el sabor siendo eso lo que más le molesta al castaño.

Se toma su tiempo y observa a la chica, Roma es su nombre y no le ha costado ni una pizca sacarselo, no se hace la interesante buscando que él adivine la letra con la que empieza, totalmente es un tipo de persona como la que solo una vez en su vida se ha topado.
Vaya chica. Si antes no tenía ganas de enrollarme contigo ahora si que me las haz despertado piensa emocionado deseando ya volver a escuchar en alto los pensamientos y respuestas que ella le pueda proporcionar.
Aunque mucho de lo que dices ha sido verdad creo que no esta de más esperar a que la siguiente pregunta sea pronunciada en voz alta, por más que sea aburrida o cotidiana. Puede que tu nombre no me interese del todo, nada garantiza que nos volvamos a ver y si así fuera sería hasta el final de la noche que te pregunte como te llamas. Tal vez ahora solo me interesaba preguntar si no tienes inconveniente en tener sexo entre desconocidos. O tal vez te preguntará si tienes novio su última frase es emitida con algo de gracia e ironía, su humor ha cambiado drásticamente con la breve intervención que ha tenido ella.
Soy Rickard extiende la mano para apretar la de ella en un común gesto de saludo. Anticuado o no Rick prefiere las presentaciones formales a las falsas y efusivas dónde sueles besar a las personas.
Soy Rickard repite Y soy una persona curiosa. Tu lo haz traído a colación y no puedo fingir que no me causa morbo saber el por que la gente te mira con pena. No es que te falte alguna extremidad o sufras de algún tipo de retraso que te hace parecer indefensa. Las miradas de pena se reservan para los animales indefensos que no tiene voz para expresar sus dolores, se guardan cuando no queda más opción que sacrificarlos. No más para un humano tuerce la boca hacía un lado al tiempo que solo levanta uno de sus hombros. Acababa de morir un familiar, tal vez le han diagnosticado un cáncer y todos creen que va a morir. Eso es lo primero en lo que el chico piensa y que no se atreve a decir, quiere escuchar de su boca la respuesta y no hacerse supuestos.


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Re: Revenge will surely come - Hart

Mensaje por Roma Hartley el Dom Sep 02, 2012 4:54 am

Solté una carcajada, corta y rítmica.—Oh, pero la edad no tiene nada que ver con la inteligencia o madurez. Y no es que me las dé de una genio o una persona en extremo madura. Porque la verdad es que no lo soy. Sin embargo agradezco que pienses de esa manera —me encogí levemente de hombros. Y no era que no me sintiera inteligente, pero muchas personas creían que pensar de una manera diferente a los demás los hacía alguien especial, en mi caso simplemente me hacía a mi. Mi forma de pensar, actuar y de ser no era un acto, era la más pura forma de sinceridad. Y eso no me hacía en ninguna forma especial ni alguien superior. En todo caso, me volvía una persona incomprendida, pero tampoco estaba para quejarme. Humedecí mis labios y entonces sí, sonreí levemente. El no sonreír ni significaba nada, no se trataba de una manera de hacerme la fuerte ni de una forma de evitar caer bien a los demás. Si no me daban ganas de hacerlo no tenía porque hacerlo. —Claro, yo nunca dije que fuera imposible, sólo me parece estúpido. Al igual que el amor y el masoquismo. Pero siempre vamos a escoger lo peor para nosotros porque sino no seríamos humanos ¿verdad? No estamos condenados a la infelicidad pero nos gusta.

Yo tal vez no me preocuparía en preguntarte el tuyo pero no iba a perder nada diciéndotelo. Como dices, nada asegura que nos volvamos a ver y nada afecta en que sepas mi nombre, ni que yo sepa el tuyo —sus palabras siguientes fueron las que me dejaron pensando unos segundos. Lo observé directamente a los ojos y enseguida sonreí para después negar con la cabeza —No tengo ninguno de los dos —Antes de que él pudiera decir algo levanté mi mano para poder seguir hablando yo —Tampoco tengo ganas de tener ninguno de los dos en estos momentos —comenté con indiferencia. No tenía apetito sexual, cuando te mal nutrías, la libido dejaba de producir o producía muy poco estrógeno —No me estoy haciendo la difícil. Las chicas que se hacen las difíciles se me hacen idiotas, también las que no son sinceras con sus sentimientos. Las que tienen miedo a enamorarse, a una relación, a una familia. Que muchas veces esas cosas no me llamen la atención no significa que les tenga miedo. Muchos parecen temerle. Mira que somos extraños —las ultimas palabras eran yo pensando en voz alta, me había olvidado de el castaño a mi lado y me había pasado a casi hacer un ensayo sobre los temores del siglo XXI. Volviendo al sexo, el hacerlo cuando las dos personas eran completos desconocidos no sirve del todo. Alguno de los dos siempre termina poniéndole un significado inexistente a la relación.

Asentí con la cabeza y después de que me dijo su nombre y me ofreció su mano yo la apreté —Rickard, es un gusto conocerte y lo digo en serio. Tu voz me gusta mucho al igual que tus ojos—comenté como si fuera la cosa más normal del mundo. Ese tipo de comentarios casi siempre salían cuando esperabas obtener algo de las demás personas y la mayoría de las veces eran mentira. En mi caso no era así, me gustaba ser sincera. Tampoco adoraba llenar de halagos a los demás. Curioso, al igual que yo era una persona curiosa que además perdía el interés con extrema rapidez. —Pues somos animales, más desarrollados que los otros pero al fin de cuentas lo somos. Al menos que seas religioso y creas que venimos de Adán y Eva, pero la ciencia indica que los seres humanos venimos de los simios, por ende somos animales. Y no, no soy indefensa —aquella frase me había causado gracia por lo cual reí—No me digas, Rickard que después de que algo que le haya dado una vuelta de ciento ochenta grados a tu vida, haciéndola mala en los ojos de los demás, cuando pasas por un mar de personas, éstas no te miran con pena. Cuando la gente se entera de las terribles cosas que te han sucedido, lo primero que hacen no es felicitarte ni aplaudirte por seguir de pie —mordí la parte interior de mi mejilla y lo miré por un rato para volver mi vista al frente —Recibo esas miradas porque creen que estoy más cerca de la muerte que ellos. Y yo no sé porque piensan así, uno se puede morir en veinte años o mañana. La muerte no es algo malo, tampoco. Es parte de la vida y si esta no existiera, tampoco lo haría la vida —me encogí de hombros sin preocuparme en mirarlo. No decía que me iba a morir pronto y aunque así lo fuera yo estaba bastante en paz con esa idea. Ese no era un pensamiento ni sano ni enfermo. No era provocado por ninguna de mis dos enfermedades, desde hacía mucho que pensaba de esa manera —Y me miran como si morirme fuera lo peor que me podría pasar. Como si no fuera algo jodidamente normal—otro sorbo al vaso de alcohol que tenía al frente. Le había agarrado ya bastante gusto al sabor lo cual me era difícil pues me gustaba comenzar casi siempre con una cerveza o una bebida mucho menos fuerte.



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Re: Revenge will surely come - Hart

Mensaje por Rickard A. Baelish el Sáb Sep 08, 2012 8:58 pm

Algunas veces pienso que sí encoge sus hombros. Su comentario no va dirigido a la juventud de ella, eso ya paso a segundo termino en su mente, piensa que algunos adultos no se llegan a comportar como ella y eso le admira. Desearía tener amigos que piensen como ella o tal vez no, él ya era muy serio para tener a su lado a una persona semejante. No quería entrar en más debates de ese tipo, no mentalmente. Así que despejó toda duda bebiendo, dos tragos más y siguió prestando oídos para ella.

Roma, ese era su nombre, debía importarle por que podía ser que ella memorizara el suyo y no quería quedar como un estúpido... espera, estaba harto de tratar de no ser algo - en este caso de no ser un estúpido con una chica -, ya no tenía que fingir con ella, dadas sus claras palabras de no querer nada con el castaño. Su actitud cambiaba a partir de ahora.
Ni la religión ni la ciencia, la verdad es que ambas teorías suenan interesantes y se venden muy fácil. Simplemente prefiero creer en nada respecto a nuestra aparición en este plano de nuevo un encogimiento de hombros, no dudaba que algunos humanos eran muy parecidos a los animales pero eso de que se haya dado una evolución eran meras patrañas.
Verás, creo esto. Dicen que hemos evolucionado de los monos, supongamos que les creo. Fue un proceso largo y de muchos pasos, entonces ¿por que no lo seguimos haciendo? ¿es que hemos llegado a la perfección? la verdad no lo creo. Y lo mismo sucede con la teoría del señor supremo, ellos dicen imagen y semejanza, yo me pregunto por que entonces somos tan idiotas algunas veces ¿él es así de idiota? cuantas veces iba a encoger los hombros esta noche.
Considero innecesario pensar en como aparecimos en este mundo, si fue por obra de una varita mágica o una bacteria que se desarrollo, lo único que me preocupaba es lo que haremos con la vida que tenemos.

Entonces vino el turno de hablar acerca de la muerte. Mostró más interés aunque recargo un codo en la barra y la mano en la mejilla, lo importante es que la miraba, a los ojos y labios intercalándolos entre lapsos de tiempo. Cáncer. Justo en eso pensó y no quiso ir más allá, no por ahora. El doctor que era se quedaría junto con su bata ahí en el casillero del hospital, ahora solo era Rickard Baelish un desconocido con una chica en un bar, compartiendo historias tristes.
No es el hecho de morir aclaro el castaño que quiso ver desde el punto de vista externo Todos tenemos la idea que lo haremos, de diferentes maneras, en diferentes horarios y edades, lo que importa es la forma. Trágico o natural sinceramente Baelish no quería pensar en la suya, le causaba un poco de terror, no el hecho de la agonía, sino el paso después de ello.
Es la manera en que lo harás, eso es lo que les causa lastima. Cuando una persona muere en un accidente de auto ¿que es lo que piensa la mayoría? enarco sus cejas sin darle espacio de respuesta Dirían cosas como: Pobre, al menos no sufrió, murió al instante...puff Ellos que saben de sufrir, posiblemente nunca han sido arrollados por auto. Contigo será diferente, igual no saben del dolor pero verán como se transforma tu cara en posibles muecas, como pierdes el color de piel y dependiendo del tipo de cáncer lo rápido que perderás el cabello. Verán tu cuerpo marchitarse y lo asociarán con tu estado emocional, eso sucederá. De ahí proviene la lastima suspiro dejando su vaso de licor en su lugar, había estado jugando todo el tiempo, sumido en sus conclusiones e imaginando lo que era estar del otro lado, en la situación del familiar compungido.
Pero dime tú ¿sientes lastima por lo que te pueda ocurrir? unos segundos de silencio y de nuevo sus pensamientos mermaron la espera irrumpiendo con palabras Sabes que es lo que me preocupa realmente quiso expresar lo que pensaba, siendo abierto por primera vez o no por primera pero si raramente Me agoniza pensar que no podré hablar de nuevo, beber, divertirme o sufrir. Que moriré y no habrá nada más de mi salvo un idiota recuerdo y mira que no he hecho nada para ser recordado.


Please, make me better
BURN THE STREET. BURN THE CARS

Rickard A. Baelish
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Re: Revenge will surely come - Hart

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