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young and tragic | Beverly

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young and tragic | Beverly

Mensaje por Eddard Greenfield el Miér Ago 22, 2012 11:49 pm

Abrumado, dolorido, agotado, desganado...
Buenas tardes doctor Eddard - me saludan y contesto.
Atareado, fastidiado, desanimado, cansado... cansado, cansado, cansado. No encontraba ningún tipo de diversión buscando diferentes sinónimos a mi actual estado de ánimo pero era lo más interesante que podía hacer además de caminar arrastrando los pies completando aquella idea de agotamiento y reflejándola para los demás. El desgaste había sido mucho y yo me quejaba como un verdadero niñato, dieciocho horas parado en el quirófano había mermado mi ánimo; tenía un dolor constante que se hacía presente en la cadera, ya fuera que me recargara en el respaldo de la silla como que me jorobara casi recostándome sobre la mesa, sentía el mismo dolor punzante y esa sensación de sueño, eso era lo más fuerte, mis ojos solo esperaban un descuido de mi mente para cerrarse, solo esperaban un parpadeo largo para tomar la ventaja, distraer a mi cerebro y así dejara de recordar que significaba estar despierto.

¡Santo Dios! A que hora voy a parar con mi absurdo pesimismo. Cierro los ojos unos momentos sin dejar de caminar. Me he tocado la frente con la palma de mi mano negando al mismo tiempo, de un lado a otro moviendo la cabeza. Pocas veces me quejo de mi trabajo, de verdad. Como todas las personas algún día encontraba una cosa que me desagradaba y me hacía odiar un poco la labor que desempeñaba, en mi caso era sencillo y nada tenía que ver conmigo o lo que hiciera, simplemente algunas veces me enfadaba que las personas a mi alrededor, principalmente lo jóvenes, se tomarán la labor de ser médicos como un medio para obtener dinero y no para ayudar a las personas. Deseaba y me empeñaba todos los días nunca perder la frescura que me cargaba desde hace años, pues es aquella apariencia y actitud desenfadada la que me hace amar aun mi trabajo y buscar métodos nuevos para hacerlo más eficiente. Ojala y eso se enseñara ahora en la escuela de medicina pienso mirando al grupo de internos que se arrebatan el expediente de un paciente. He llegado hasta urgencias con la firme intensión de subirme a una camilla y tirarme a dormir, pero aquellos semi-doctores me hacen suspirar de solo verlos.
Lo siento, son ustedes mucha cosa para tener un caso como éste - les quite el expediente de las manos y me encuentro con algunas mirada sorprendidas, otras que ni siquiera se alzan del suelo y solo un valiente que ha fruncido el ceño sin esquivarme Unas manos tan aptas, tan... - es mi momento del dramatismo y escenificación, pocas veces los dejo en evidencia pero hoy se lo han ganado.
Competentes - digo con una entonación tal, que en verdad parece que los alabo ¡Oh ustedes! - exclamo alzando la voz señalando al grupo de jóvenes frente a mi Nuevos médicos, el futuro de nuestro país, ¡que la nación les premie su trabajo! - he ganado un par de miradas en su mayoría de las enfermeras quienes ríen bulliciosas, eso me ha agradado.
O se los demande en todo caso - esta vez mis palabras son para los rostros sonrojados y molestos que tengo enfrente Dejense de niñerías y anden a hacer un trabajo de verdad o quien les demandará será el paciente. Y creanme, no les gustará - regresé a Emma, aquella mujer de cuarenta años que hoy por hoy era la jefa de enfermeras, el expediente que aquellos carroñeros se peleaban.
Es un gusto verlo de tan buen humor doctor Greenfield me ha dicho como saludo a lo que yo respondí con un: Tu siempre me vez de buen humor. No hice gran conversación con ella pues mi objetivo era otro.

Me senté en la silla giratoria justo al lado de la castaña, no sabía que hacía o si estaba cubriendo a algún paciente, deje que trabajará unos momentos en silencio, hasta que me desesperé y hablé por fin.
Haz visto a esos chicos nuevos - recargue la barbilla en el respaldo de la silla, era mejor así que sentarme con una pierna cruzada sobre la otra Aun huelen a sus prácticas con cadáveres y no quiero ser pesimista, pero uno de esos matará a alguien pronto - se me hace entretenido rodar la silla para mirar sobre su hombro y ver que hace
Tu que me dices Bev, ¿día ocupado? - no necesito decirle hola, como haz estado. Ese tipo de saludos no van acorde conmigo y mucho menos cuando se trata de la castaña que llevo media vida de conocer, con ella puedo saltarme las etiquetas y eso me hace sentir más cómodo, me agrada.

Eddard Greenfield
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Re: young and tragic | Beverly

Mensaje por Beverly Palmer el Dom Ago 26, 2012 4:43 pm

Tamborileaba los dedos de manera nerviosa sobre el cerco de cemento de la azotea mientras que con la mano libre se fumaba su segundo cigarro desde que se encontraba ahí. Probablemente ese era uno de los sitios preferidos de Beverly para huír de todo el bullicio del hospital cuando tenía tiempo de escaparse unos minutos alrededor de las 6 o 7 de la tarde, cuando el sol comenzaba a esconderse. Hacía un buen rato que se encontraba allí fumando, pensando quién sabe qué cosa. Su rostro era serio, solemne. Simplemente se dedicaba a observar la gente que entraba y abandonaba Norwood, cuando ya empezaba a fumar su tercer cigarro. Era un vicio que lo tenía bien oculto, pues siempre estaba equipada en sus bolsillos con aromatizantes bucales y para ropa. Además de que tenía un excelente cuidado de su dentadura, por lo que tampoco nadie podía notarlo desde ese lado. No recordaba cuándo había comenzado a fumar, pero una vez que lo hizo fue un vicio que no pudo detener. Quizás se debía a que su mente iba demasiado rápido y la única manera de frenar aquello era con el tabaco.

Estaba terminando con el tercer cigarro cuando pensó en fumarse el cuarto y fue interrumpida por el repentino zumbido que producían las palas de un helicóptero contra el aire. El cabello de Beverly comenzó a revolverse cuando el helicóptero comenzó a acercarse al suelo de la azotea, lo que significaba que había una emergencia. No dudó ni un segundo y apenas se abrieron las puertas se acercó a ofrecer su ayuda. No era la primera vez que había estado presente en la llegada de una urgencia, pues habían sido repetidas las ocasiones en las que estando fumando en la azotea llegaba de manera repentina algún helicóptero, aunque esto no se daba con mucha frecuencia. Sin embargo, de las contadas veces que estuvo allí al momento de una urgencia, se aprendió los nombres del personal que se encarga de ese tipo de situaciones y ellos el de ella. — Iré por el ascensor —anunció antes de salir corriendo hasta las puertas de los ascensores y presionar el botón varias veces para utilizarlo lo más rápido posible. Las puertas se abrieron y Beverly se hizo a un lado para que ingresaran con la camilla y bajó junto a los médicos hasta el piso de urgencias.

Los acompañó hasta la sala donde sería atendido el paciente que parecía un profundo corte en la espalda, y se dirigió a la sala contigua para ayudar a uno de los doctores a realizar una especie de papeleo protocolar hasta que una voz que reconocía habló. Alzó la vista y sonrió de lado. — No seas tan malo, Edd —continuó buscando una ficha en especial y se la pasó al otro doctor que se marchó con un “Gracias, Bev”. — Nosotros también estuvimos en su lugar. Aunque entiendo que lo hayas olvidado porque estás algo viejo ya, ¿no? —rió por lo bajo y le acomodó el cabello a un lado a su amigo, con aire maternal. — ¿Cuándo te quitarás esa barba? —Soltó un suspiro y se sentó en la camilla de la sala, apoyándose con sus manos detrás de su espalda. — Tuve un día ocupado, no te mentiré. Y acabo de hacer una corrida que me ha dejado muerta. Debería volver a trotar por las mañanas —Entonces recordó que había olvidado usar el aromatizante y debía estar destilando olor a tabaco. Demonios.

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Re: young and tragic | Beverly

Mensaje por Eddard Greenfield el Dom Ago 26, 2012 5:51 pm

No puedo Bev - negaba con la cabeza en medio de un gesto afligido, cada vez que miraba a la nueva generación de internos me daba lastima el rumbo que estaba tomando la profesión.
Esto se vuelve una carnicería y nadie se da cuenta. Hemos pasado de usar nuestros dones para ayudar a la gente a catalogar personas entre las que "son interesantes y las que son una perdida de tiempo". Se que fuimos jóvenes, pero yo nunca vi a la veinteañera Palmer hacer una mueca por atender un caso de poca gravedad - sonreí con tristeza al ver como aquel grupo de chicos se volcaba a ocuparse en algo más. Qué les estaban enseñando en la escuela de medicina que la moral se había olvidado.
Sacudí mi mente de aquellos pensamientos, no quería mortificarme ahora, tenía todo este ciclo con esa generación para solucionarlo. Por algo era un hospital de enseñanza así que, ya pondría mis manos sobre ellos. Mientras tanto preste ojos y oídos a sus palabras.

¿La barba? ¿Tiene algo mal? - como autoreflejo me lleve las manos a la mejilla y parte del mentón. En el reflejo de un cristal mire mi apariencia examinándome ambos perfiles, sí era verdad que traer la barba crecida me da un aspecto mucho mayor lejano a la edad que verdaderamente tenía pero me agradaba. Rasurarme cada semana era una actividad que uno: me quitaba tiempo, dos: me aburría, tres: no podía hacer ya que no había comprado una nueva maquina para hacerlo.
Trato de parecerme a Jesucristo. Así cuando los pacientes llegan y ven las luces blancas se van acostumbrando al ambiente que les espera en el cielo - una sonrisa inmediata no me dejo terminar mis palabras completamente. No tiraría las palabras de Beverly a la basura, me lo pensaría, aunque no podía asegurarle nada, algunas veces se confundía la decidía con la actitud relajada y si bien lo primero era lo mío tampoco es que quisiera aparentar ser un médico descuidado en el cual las personas no podían confiar.
Con más atención escuche lo que tenía que decirme respecto a su día, no se comparaba nada con el mío que se había cerrado a una simple operación de rutina. Estaba delegando muchas de mis obligaciones a los residentes e internos, pasaba menos horas en el quirófano lo que podía considerarse como el apocalipsis para cualquier cirujano, no me molestaba, estaba empleando mi tiempo en enseñar algo que consideraba más importante que llenarme las manos de sangre.

O dejar de fumar, cualquiera de las dos cosas funcionaría. Por que correr con una cajetilla diaria encima no creo que sea una buena idea. Morirías a la mitad de una milla - mi sonrisa fue comprensiva, el primer día que conocí a Beverly Palmer tenía un cigarrillo en sus labios y así me la imaginaba en su lecho de muerte. Un vicio que había visto en mi padre y en mi abuelo, era agradable no podía crucificarlo pero había dejado de llamar mi atención hace mucho.
Podrías mejor darle un poco más de trabajo a los residentes, liberar algunos de tus casos y dejar que ellos se encarguen. Es difícil, yo muchas veces pienso que al final del día tendré que contar cadáveres en lugar de altas - termine encogiéndome de hombros. Posiblemente mi argumento sonaba a contradicción si se analizaba mi actitud de hace unos minutos, no era mi culpa, había de residentes a residentes.

Si la opción de trotar sigue en pie después de eso llámame, me gustará hacerte morder el polvo. Incluso te prestaré mi tanque de oxígeno. De anciano a anciana - sonreí. Pensaba muchas veces en Beverly como una persona muy atlética, tenía esa estructura física de alguien que se cuida, lo veía ahora que se estiraba.
¿Haz probado las técnicas japonesas de relajación? Esas mujeres te dejan sin aliento y con la duda de tener un hueso roto, pero te aseguro que regresarás a tu casa para dormir como bebé. Te vendría bien, yo podría hacerlo pero, mejor que no te arriesgues, no he sido buen aprendiz - sonreí, me entretenía mover la silla de un lado a otro dejándome rodar sin sentido Puedo comprarte un café, lo que no te mata te hace fuerte ¿Qué dices?

Eddard Greenfield
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Re: young and tragic | Beverly

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